lunes, 1 de diciembre de 2025

"Only monsters play God, Baron"... Después de haber visto Frakenstein, de Guillermo del Toro

Frankenstein de Guillermo del Toro tiene distintas capas, como una cebolla. La más externa hace referencia a temas que atraen a todos aquellos que buscan en las películas un mensaje, una moraleja, una enseñanza. Y está bien, qué bueno. Quizá pudiéramos resumir esta capa pensando que es importante reconocernos y aceptarnos como somos, independientemente de nuestro origen, de nuestras heridas, de nuestra apariencia; muchas veces, la baja estima nos conduce a pensar que no valemos y eso nos hace estallar en ira contra nosotros mismos y contra los demás; es importante pasar de ser “algo” a ser “alguien”. Para ello, son imprescindibles las relaciones, los vínculos, la amistad, el perdón.

Hay capas que están más al interior de la cebolla de Frankenstein, una de ellas hace referencia a un tema que del Toro trata siempre en su obra. Frankenstein, en este caso, también aborda de manera muy sensible, no solo las relaciones familiares en cuanto tales, sino nuevamente el vínculo entre padre e hijo, relación que Guillermo exhibe dañada, llena de carencias, de expectativas no llenadas, una relación que deja permanentes huellas y heridas. Son muchos las dimensiones desde las que pudiéramos reflexionar sobre la relación entre Víctor y su padre y cómo ésta se traspola desproporcionadamente a la relación del mismo Víctor con la Criatura. Me atrevo a pensar que la mayoría de los varones que vemos la película nos vemos tocados muy profundamente por esta temática de del Toro y por la manera como la plantea, de modo que es capaz de despertar monstruos dormidos en nuestro subconsciente. No pocos hombres nos vemos estéticamente vulnerados y, a nuestro pesar, lloramos.

¿Más capas? Seguramente. "Póiesis" es una palabra griega usada en la filosofía de todos los tiempos. Tiene que ver con el espíritu creador del ser humano, que se descubre siempre impelido a producir, a generar, a crear, en todos los campos de la vida. Esta incontenible pasión creativa lleva a nuestra especie a la búsqueda de una autotrascendencia tal, que llegamos a afirmar que somos semejantes Dios. Póiesis es la raíz de la palabra poesía, la póiesis le sale a del Toro por todos los poros, en este sentido, es un verdadero poeta. Guillermo crea monstruos, siempre monstruos, como Geppetto, que crea a Pinocho, un pequeño monstruo y como Víctor, que crea a la Criatura. Así, Geppetto y Víctor son alter ego de Guillermo. En un momento dado, Elizabeth dice a Víctor: “Only monsters play God, Baron”; sabemos que la palabra “play” en inglés, al mismo tiempo que quiere decir “jugar”, también significa la interpretación de un personaje en el teatro o el cine… más que jugar a ser Dios, Elizabeth cuestiona a Víctor que pretenda interpretar el papel de Dios, lo que lo convierte en monstruo, él es el verdadero monstruo, no la Criatura. Sin embargo, surge una paradoja, porque la póiesis, que nos asemeja a Dios, nos lleva a crear belleza y bondad. Creo, y mucha gente también, que, si bien es cierto que usurpar a Dios es monstruoso, tanto Víctor, como Geppetto, y del Toro, sí, crean monstruos, pero monstruos bellos, poiéticos. Ese es el encanto de Guillermo. La monstruosidad pura no existe, la belleza perfecta tampoco.

Una última capa, si me permiten. Es muy comentado, y el propio Guillermo del Toro lo admite, que la presencia de la muerte en sus películas es un personaje protagónico, muy mexicano. A del Toro no le causa pudor matar a sus personajes, lo hace constantemente, todos se van muriendo, uno por uno. La muerte entonces se hace acompañar por la soledad, como su primera y necesaria compañera. De hecho, los personajes de Frankenstein son seres que se van muriendo en soledad, todos, cada uno, de distinta manera. El único que no puede morir, la Criatura, es, sin embargo, la más solitaria. Del Toro pudiera llevar esta realidad hasta sus últimas consecuencias y acabar en un pesimismo absurdo que lleve al sin sentido de la existencia, a la oscuridad total. Es una verdadera tragedia que la Criatura no tenga nombre propio, Víctor y Elizabeth sí, fueron sus primeras palabras, Sin embargo, no sé si por condescender con un tipo de público o por convicción propia, del Toro deja siempre una puerta abierta a la esperanza, no faltan gestos auténticos de ternura hacia la Criatura por parte de algunos personajes, sobre todo de Elizabeth y del anciano ciego, incluso la extraña palmadita que Víctor da a su Criatura en la cabeza. Las ultimas escenas a muchos parecieron excesivas y hasta cursis. ¿Por qué del Toro, tan obscuro siempre, termina con luz?

Como católico, no puedo personalmente dejar de pensar también en temas que tienen que ver con mi fe… No están ausentes vínculos claros con la narrativa e imaginería religiosas específicamente católicas: Sí, el ángel o demonio, pero, sobre todo, la criatura crucificada, que de la muerte pasa a la vida, la llaga de su costado, el especie de short que cubre su desnudez, incluso el largo de su cabello, me hicieron pensar en Jesús que, muerto y resucitado, nos gana una vida que no se acaba.

Siempre Agradezco a Guillermo del Toro cómo nos presenta la belleza de sus monstruos y la monstruosidad de de lo superfluo. Así es la vida.

 I cannot die. And I cannot live... alone. (Criatura)

 

sábado, 3 de mayo de 2025

CÓNCLAVE


Como católico bautizado, profeso mi fe en la Iglesia, que es apostólica. Asimismo, creo que quienes elegirán al próximo Papa son hombres de fe, buenos, con buenas intenciones. Cada uno tiene su historia; son hijos de una familia y de un pueblo, han tenido logros y fracasos, gozos y decepciones, cruces y resurrecciones. Sólo Dios conoce sus caminos. En sus historias también han estado presentes pecados, errores y fracasos, sin duda. Poseen personalidades particulares, con sus propios sentimientos y afectos y modos peculiares de relacionarse con los demás. Los caracterizan sus necesidades, actitudes y valores, sus expectativas y sueños, como a todo ser humano.

En un momento dado de sus vidas, sintieron la llamada amorosa de Jesucristo y optaron por un camino vocacional que los llevó al sacerdocio y, más tarde, al episcopado. Son hombres de Iglesia que, con toda seguridad, la aman y desean su bien por encima de todo. De hecho, cada uno de ellos ha sido hombre de Iglesia durante la mayor parte de su vida, sirviéndola de todo corazón, lo mejor que ha podido. Además, son todos personas de brillante inteligencia y están muy bien preparados.

Ahora forman parte de una familia de hermanos llamados por Dios, a través del Santo Padre, a prestar un servicio profundamente eclesial, quizá uno de los más eclesiales que un cristiano pueda ofrecer. Sólo Dios sabe cómo se sienten interiormente en estos momentos, en que están a punto de iniciar el Cónclave.

No creo, como a veces lo presentan las películas o los medios de comunicación, que el Cónclave sea un thriller, marcado por una despiadada lucha de poder entre seres ambiciosos e inhumanos. Por supuesto que las diferencias existen y que esas diferencias pueden generar tensiones, pero no creo que sean causa de guerras internas, conspiraciones o conjuras. El Cónclave no es “grilla vaticana”, como frecuentemente se oye decir, sino una reunión de fe en la que el Espíritu Santo es protagonista. Creo que, en ocasiones, lo que nuestra imaginación nos presenta, y que discutimos interminablemente, se parece más a una ficción que a la realidad.

Si la realidad fuera tan fatal como a veces se pinta, los cardenales nunca lograrían ponerse de acuerdo y caerían en votaciones interminables. Si así fuera, los Papas electos no habrían sido los grandes hombres, santos, que ha tenido nuestra generación. Cada uno con seguidores y detractores, pero todos han sido enormes seres humanos que, siguiendo la orientación de sus vidas, e imprimiendo su original impronta, no han querido otra cosa sino el bien de la Iglesia por amor a Jesucristo.

Por mi parte, quiero atender la petición que los cardenales nos han hecho: oremos por ellos. No tienen una tarea fácil. Pero que nuestra oración sea confiada, serena, iluminada por la esperanza, no basada en la calamidad o el fatalismo. Los cardenales harán bien su trabajo. Amemos ya al nuevo Papa que nuestros hermanos cardenales, movidos por el Espíritu Santo, elegirán para nosotros en los próximos días. Será el que Dios quiere.