Frankenstein de Guillermo del Toro tiene distintas capas, como una cebolla. La más externa hace referencia a temas que atraen a todos aquellos que buscan en las películas un mensaje, una moraleja, una enseñanza. Y está bien, qué bueno. Quizá pudiéramos resumir esta capa pensando que es importante reconocernos y aceptarnos como somos, independientemente de nuestro origen, de nuestras heridas, de nuestra apariencia; muchas veces, la baja estima nos conduce a pensar que no valemos y eso nos hace estallar en ira contra nosotros mismos y contra los demás; es importante pasar de ser “algo” a ser “alguien”. Para ello, son imprescindibles las relaciones, los vínculos, la amistad, el perdón.
Hay capas que están más al interior de la cebolla de
Frankenstein, una de ellas hace referencia a un tema que del Toro trata siempre
en su obra. Frankenstein, en este caso, también aborda de manera muy sensible, no solo las
relaciones familiares en cuanto tales, sino nuevamente el vínculo entre padre e
hijo, relación que Guillermo exhibe dañada, llena de carencias, de expectativas
no llenadas, una relación que deja permanentes huellas y heridas. Son muchos las
dimensiones desde las que pudiéramos reflexionar sobre la relación entre Víctor
y su padre y cómo ésta se traspola desproporcionadamente a la relación del
mismo Víctor con la Criatura. Me atrevo a pensar que la mayoría de los varones que
vemos la película nos vemos tocados muy profundamente por esta temática de del
Toro y por la manera como la plantea, de modo que es capaz de despertar monstruos
dormidos en nuestro subconsciente. No pocos hombres nos vemos estéticamente
vulnerados y, a nuestro pesar, lloramos.
¿Más capas? Seguramente. "Póiesis" es una palabra griega usada
en la filosofía de todos los tiempos. Tiene que ver con el espíritu creador del
ser humano, que se descubre siempre impelido a producir, a generar, a crear, en
todos los campos de la vida. Esta incontenible pasión creativa lleva a nuestra especie
a la búsqueda de una autotrascendencia tal, que llegamos a afirmar que somos
semejantes Dios. Póiesis es la raíz de la palabra poesía, la póiesis le
sale a del Toro por todos los poros, en este sentido, es un verdadero poeta. Guillermo
crea monstruos, siempre monstruos, como Geppetto, que crea a Pinocho, un pequeño
monstruo y como Víctor, que crea a la Criatura. Así, Geppetto y Víctor son alter
ego de Guillermo. En un momento dado, Elizabeth dice a Víctor: “Only
monsters play God, Baron”; sabemos que la palabra “play” en inglés, al mismo
tiempo que quiere decir “jugar”, también significa la interpretación de un
personaje en el teatro o el cine… más que jugar a ser Dios, Elizabeth cuestiona
a Víctor que pretenda interpretar el papel de Dios, lo que lo convierte en
monstruo, él es el verdadero monstruo, no la Criatura. Sin embargo, surge una
paradoja, porque la póiesis, que nos asemeja a Dios, nos lleva a crear belleza
y bondad. Creo, y mucha gente también, que, si bien es cierto que usurpar a
Dios es monstruoso, tanto Víctor, como Geppetto, y del Toro, sí, crean monstruos,
pero monstruos bellos, poiéticos. Ese es el encanto de Guillermo. La
monstruosidad pura no existe, la belleza perfecta tampoco.
Una última capa, si me permiten. Es muy comentado, y el
propio Guillermo del Toro lo admite, que la presencia de la muerte en sus
películas es un personaje protagónico, muy mexicano. A del Toro no le causa pudor
matar a sus personajes, lo hace constantemente, todos se van muriendo, uno por
uno. La muerte entonces se hace acompañar por la soledad, como su primera y
necesaria compañera. De hecho, los personajes de Frankenstein son seres que se
van muriendo en soledad, todos, cada uno, de distinta manera. El único que no puede
morir, la Criatura, es, sin embargo, la más solitaria. Del Toro pudiera llevar
esta realidad hasta sus últimas consecuencias y acabar en un pesimismo absurdo
que lleve al sin sentido de la existencia, a la oscuridad total. Es una verdadera
tragedia que la Criatura no tenga nombre propio, Víctor y Elizabeth sí, fueron sus primeras
palabras, Sin embargo, no sé si por condescender con un tipo de público o por
convicción propia, del Toro deja siempre una puerta abierta a la esperanza, no
faltan gestos auténticos de ternura hacia la Criatura por parte de algunos personajes,
sobre todo de Elizabeth y del anciano ciego, incluso la extraña palmadita que Víctor da a su Criatura en la cabeza. Las ultimas escenas a muchos parecieron
excesivas y hasta cursis. ¿Por qué del Toro, tan obscuro siempre, termina con
luz?
Como católico, no puedo personalmente dejar de pensar
también en temas que tienen que ver con mi fe… No están ausentes vínculos
claros con la narrativa e imaginería religiosas específicamente católicas: Sí, el
ángel o demonio, pero, sobre todo, la criatura crucificada, que de la muerte
pasa a la vida, la llaga de su costado, el especie de short que cubre su
desnudez, incluso el largo de su cabello, me hicieron pensar en Jesús que,
muerto y resucitado, nos gana una vida que no se acaba.
Siempre Agradezco a Guillermo del Toro cómo nos presenta la belleza de sus
monstruos y la monstruosidad de de lo superfluo. Así es la vida.
I cannot
die. And I cannot live... alone. (Criatura)





