lunes, 1 de diciembre de 2025

"Only monsters play God, Baron"... Después de haber visto Frakenstein, de Guillermo del Toro

Frankenstein de Guillermo del Toro tiene distintas capas, como una cebolla. La más externa hace referencia a temas que atraen a todos aquellos que buscan en las películas un mensaje, una moraleja, una enseñanza. Y está bien, qué bueno. Quizá pudiéramos resumir esta capa pensando que es importante reconocernos y aceptarnos como somos, independientemente de nuestro origen, de nuestras heridas, de nuestra apariencia; muchas veces, la baja estima nos conduce a pensar que no valemos y eso nos hace estallar en ira contra nosotros mismos y contra los demás; es importante pasar de ser “algo” a ser “alguien”. Para ello, son imprescindibles las relaciones, los vínculos, la amistad, el perdón.

Hay capas que están más al interior de la cebolla de Frankenstein, una de ellas hace referencia a un tema que del Toro trata siempre en su obra. Frankenstein, en este caso, también aborda de manera muy sensible, no solo las relaciones familiares en cuanto tales, sino nuevamente el vínculo entre padre e hijo, relación que Guillermo exhibe dañada, llena de carencias, de expectativas no llenadas, una relación que deja permanentes huellas y heridas. Son muchos las dimensiones desde las que pudiéramos reflexionar sobre la relación entre Víctor y su padre y cómo ésta se traspola desproporcionadamente a la relación del mismo Víctor con la Criatura. Me atrevo a pensar que la mayoría de los varones que vemos la película nos vemos tocados muy profundamente por esta temática de del Toro y por la manera como la plantea, de modo que es capaz de despertar monstruos dormidos en nuestro subconsciente. No pocos hombres nos vemos estéticamente vulnerados y, a nuestro pesar, lloramos.

¿Más capas? Seguramente. "Póiesis" es una palabra griega usada en la filosofía de todos los tiempos. Tiene que ver con el espíritu creador del ser humano, que se descubre siempre impelido a producir, a generar, a crear, en todos los campos de la vida. Esta incontenible pasión creativa lleva a nuestra especie a la búsqueda de una autotrascendencia tal, que llegamos a afirmar que somos semejantes Dios. Póiesis es la raíz de la palabra poesía, la póiesis le sale a del Toro por todos los poros, en este sentido, es un verdadero poeta. Guillermo crea monstruos, siempre monstruos, como Geppetto, que crea a Pinocho, un pequeño monstruo y como Víctor, que crea a la Criatura. Así, Geppetto y Víctor son alter ego de Guillermo. En un momento dado, Elizabeth dice a Víctor: “Only monsters play God, Baron”; sabemos que la palabra “play” en inglés, al mismo tiempo que quiere decir “jugar”, también significa la interpretación de un personaje en el teatro o el cine… más que jugar a ser Dios, Elizabeth cuestiona a Víctor que pretenda interpretar el papel de Dios, lo que lo convierte en monstruo, él es el verdadero monstruo, no la Criatura. Sin embargo, surge una paradoja, porque la póiesis, que nos asemeja a Dios, nos lleva a crear belleza y bondad. Creo, y mucha gente también, que, si bien es cierto que usurpar a Dios es monstruoso, tanto Víctor, como Geppetto, y del Toro, sí, crean monstruos, pero monstruos bellos, poiéticos. Ese es el encanto de Guillermo. La monstruosidad pura no existe, la belleza perfecta tampoco.

Una última capa, si me permiten. Es muy comentado, y el propio Guillermo del Toro lo admite, que la presencia de la muerte en sus películas es un personaje protagónico, muy mexicano. A del Toro no le causa pudor matar a sus personajes, lo hace constantemente, todos se van muriendo, uno por uno. La muerte entonces se hace acompañar por la soledad, como su primera y necesaria compañera. De hecho, los personajes de Frankenstein son seres que se van muriendo en soledad, todos, cada uno, de distinta manera. El único que no puede morir, la Criatura, es, sin embargo, la más solitaria. Del Toro pudiera llevar esta realidad hasta sus últimas consecuencias y acabar en un pesimismo absurdo que lleve al sin sentido de la existencia, a la oscuridad total. Es una verdadera tragedia que la Criatura no tenga nombre propio, Víctor y Elizabeth sí, fueron sus primeras palabras, Sin embargo, no sé si por condescender con un tipo de público o por convicción propia, del Toro deja siempre una puerta abierta a la esperanza, no faltan gestos auténticos de ternura hacia la Criatura por parte de algunos personajes, sobre todo de Elizabeth y del anciano ciego, incluso la extraña palmadita que Víctor da a su Criatura en la cabeza. Las ultimas escenas a muchos parecieron excesivas y hasta cursis. ¿Por qué del Toro, tan obscuro siempre, termina con luz?

Como católico, no puedo personalmente dejar de pensar también en temas que tienen que ver con mi fe… No están ausentes vínculos claros con la narrativa e imaginería religiosas específicamente católicas: Sí, el ángel o demonio, pero, sobre todo, la criatura crucificada, que de la muerte pasa a la vida, la llaga de su costado, el especie de short que cubre su desnudez, incluso el largo de su cabello, me hicieron pensar en Jesús que, muerto y resucitado, nos gana una vida que no se acaba.

Siempre Agradezco a Guillermo del Toro cómo nos presenta la belleza de sus monstruos y la monstruosidad de de lo superfluo. Así es la vida.

 I cannot die. And I cannot live... alone. (Criatura)

 

sábado, 3 de mayo de 2025

CÓNCLAVE


Como católico bautizado, profeso mi fe en la Iglesia, que es apostólica. Asimismo, creo que quienes elegirán al próximo Papa son hombres de fe, buenos, con buenas intenciones. Cada uno tiene su historia; son hijos de una familia y de un pueblo, han tenido logros y fracasos, gozos y decepciones, cruces y resurrecciones. Sólo Dios conoce sus caminos. En sus historias también han estado presentes pecados, errores y fracasos, sin duda. Poseen personalidades particulares, con sus propios sentimientos y afectos y modos peculiares de relacionarse con los demás. Los caracterizan sus necesidades, actitudes y valores, sus expectativas y sueños, como a todo ser humano.

En un momento dado de sus vidas, sintieron la llamada amorosa de Jesucristo y optaron por un camino vocacional que los llevó al sacerdocio y, más tarde, al episcopado. Son hombres de Iglesia que, con toda seguridad, la aman y desean su bien por encima de todo. De hecho, cada uno de ellos ha sido hombre de Iglesia durante la mayor parte de su vida, sirviéndola de todo corazón, lo mejor que ha podido. Además, son todos personas de brillante inteligencia y están muy bien preparados.

Ahora forman parte de una familia de hermanos llamados por Dios, a través del Santo Padre, a prestar un servicio profundamente eclesial, quizá uno de los más eclesiales que un cristiano pueda ofrecer. Sólo Dios sabe cómo se sienten interiormente en estos momentos, en que están a punto de iniciar el Cónclave.

No creo, como a veces lo presentan las películas o los medios de comunicación, que el Cónclave sea un thriller, marcado por una despiadada lucha de poder entre seres ambiciosos e inhumanos. Por supuesto que las diferencias existen y que esas diferencias pueden generar tensiones, pero no creo que sean causa de guerras internas, conspiraciones o conjuras. El Cónclave no es “grilla vaticana”, como frecuentemente se oye decir, sino una reunión de fe en la que el Espíritu Santo es protagonista. Creo que, en ocasiones, lo que nuestra imaginación nos presenta, y que discutimos interminablemente, se parece más a una ficción que a la realidad.

Si la realidad fuera tan fatal como a veces se pinta, los cardenales nunca lograrían ponerse de acuerdo y caerían en votaciones interminables. Si así fuera, los Papas electos no habrían sido los grandes hombres, santos, que ha tenido nuestra generación. Cada uno con seguidores y detractores, pero todos han sido enormes seres humanos que, siguiendo la orientación de sus vidas, e imprimiendo su original impronta, no han querido otra cosa sino el bien de la Iglesia por amor a Jesucristo.

Por mi parte, quiero atender la petición que los cardenales nos han hecho: oremos por ellos. No tienen una tarea fácil. Pero que nuestra oración sea confiada, serena, iluminada por la esperanza, no basada en la calamidad o el fatalismo. Los cardenales harán bien su trabajo. Amemos ya al nuevo Papa que nuestros hermanos cardenales, movidos por el Espíritu Santo, elegirán para nosotros en los próximos días. Será el que Dios quiere.

sábado, 27 de julio de 2024

SOMOS DIVERSOS, PERO TODOS CABEMOS (PARÍS 2024)

 

La diversidad y la inclusión son valores de nuestra generación que debemos seguir reflexionando y viviendo de una manera cada vez más madura; por lo pronto, son valores que debemos vivir con respeto; justamente el respeto tendría que ser una de sus características esenciales. Somos distintos, pero todos cabemos. Muchos grupos que se perciben o son diversos, con toda justicia exigen, demandan respeto, lo cual es muy correcto; podemos estar o no de acuerdo con distintos modos de ser, de expresarse, de existir, pero a todos nos obliga el respeto y todos merecemos respeto; solo así podemos ser distintos, solo así podemos caber.

En muchos sectores de la población, en todas partes, el cristianismo pareciera que se está convirtiendo en una minoría, por las razones que sean; pero pareciera también que muchos que demandan respeto para sí mismos, no están dispuestos a respetar a la minoría cristiana, sus valores, sus expresiones; pareciera que el cristianismo es algo de lo que sí es posible burlarse, faltar al respeto, invalidar prejuiciosamente.

La ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos estuvo espectacular, en muchos sentidos la más original y una de las que más he disfrutado; no es posible descalificarla sólo por uno de sus cuadros, el de la famosa última cena, escenificada por un grupo de personas drag y acompañada inexplicablemente por Baco; sin embargo, dado que precisamente la ceremonia enarboló la bandera de la diversidad y de la inclusión, resulta contradictorio que se haya hecho parodia, no del fresco de Da Vinci, sino de un valor fundamental para los católicos: de Jesús y sus apóstoles, de la institución de la Eucaristía.

No quiero imaginar las reacciones si un grupo de católicos hiciéramos mofa de la expresión drag, expresión que a muchos católicos confunde y no entienden del todo, pero que merece nuestro respeto, respeto que también los católicos demandamos. No es raro que personas drag hagan representaciones burlonas de expresiones religiosas, específicamente católicas, eso no debe ser; sí, en muchos ambientes somos minoría, pero queremos que nuestra diversidad sea también incluida, respetada. Somos diversos, pero todos cabemos.

 

martes, 25 de junio de 2024

Intensa-mente 2 (y 1)


Las emociones no las pensamos, no las planeamos, no las provocamos: nos sobrevienen y las vivimos; existe una gran variedad de ellas, están detrás e impulsan los sentimientos, las actitudes y las conductas; incluso, pudiéramos decir que de alguna manera contribuyen a la configuración nuestra personalidad. Detrás de nuestras decisiones normalmente hay emociones, raramente puras, por lo general vienen combinadas
  y pueden pasar por un largo proceso antes de convertirse en conductas arraigadas o en características de nuestra personalidad, pero también es cierto que podemos expresarlas sin filtros y de manera pura, incluso explosivamente. Las emociones surgen ante las situaciones externas que vivimos: la pérdida de un ser querido nos provoca tristeza; los agravios o injusticias pueden suscitarnos furia; el temor surge ante los peligros y las amenazas; nos causa desagrado aquello que provoca en nosotros una sensación repugnante; la alegría puede ser fruto de la compañía de quien amamos. Hay que reconocer, además, que esas mismas emociones pueden surgir ante cuestiones subjetivas, como la imaginación, los recuerdos o los pensamientos. Las emociones también influyen grandemente en nuestras relaciones interpersonales, inundan el ambiente familiar y tocan poderosamente el modo como nos relacionamos con quienes amamos, con amigos, compañeros y figuras de autoridad. 

Algo que tenemos que tener muy claro es que las emociones no son ni buenas ni malas, no hay una mejor ni peor que otra, simplemente ahí están, moviendo nuestra vida y llenándola de colores.

Esto es justamente el tema de nuestras dos películas. La original Intensa-mente, de Disney-Pixar (2015) nos presenta estas cinco emociones, caracterizadas como coloridos personajes en el interior la protagonista, una niña llamada Riley. Alegría, Furia, Tristeza, Temor y Desagrado interactúan en Riley desde su nacimiento hasta el tiempo en que se desarrolla la mayor parte de la película, cuando se muda con su familia de Minnesota a San Francisco; la mente de Riley, como la de todo ser humano, es presentada como un Cuartel General en el que las emociones interactúan con ella a través de una consola que cada emoción acciona según las circunstancias que Riley va viviendo; por otro lado, ya desde su infancia se van acumulando los pensamientos, alguno de ellos centrales, los cuales a su vez forman las islas de personalidad.

La líder de las emociones es Alegría, constantemente preocupada de que Riley siempre esté contenta, que los recuerdos que conserve sean alegres, especialmente los centrales, que las islas de su personalidad también reflejen felicidad; para ello, limita constantemente la acción de las demás emociones, a las que considera nocivas, de modo especial a Tristeza, y trata de disminuir los recuerdos que representen algo que no sea alegre. Al final, caeremos en la cuenta que todas las emociones son importantes, que cada una aporta algo necesario para nuestra vida y que todas ellas son las que configuran lo que a final de cuentas somos.

Intensa-mente 2 (2024) continúa la misma dinámica, siempre en la mente de Riley, que ya tiene 13 años e inicia su pubertad. Se incorporan nuevas emociones: Envidia, Vergüenza, Aburrimiento (Ennui o Oui Oui), Ansiedad y eventualmente Nostalgia, a la que siempre alejan las demás; de todas ellas, quien pretende convertirse en líder es Ansiedad, contrapuesta abiertamente a Alegría, quien a su vez, a toda costa, quiere impedir que Ansiedad tome posesión de la vida de Riley; Ansiedad busca el mando de la consola, pues tiene la convicción de que sólo a través de su influjo, Riley podrá construir un sentido de identidad que dé valor a su vida: será exitosa, obtendrá logros, será admirada y popular, como las niñas mayores a las que ella tanto admira y a cuyo grupo a toda costa debe pertenecer. Goles en el Hockey, pertenecer al equipo Firehawks, encajar con las poderosas, especialmente con Valentina Ortiz, se convierten en obsesión, a causa del poder de Ansiedad sobre Riley, un poder que, en un momento dado, se escapa a todo control.

Tanto en la primera parte como en la segunda, Alegría es desterrada temporalmente del Cuartel General, en la primera película acompañada sólo de Tristeza y en la secuela de todos los demás compañeros originales; estos destierros, y los esfuerzos por volver al Cuartel General, dan pie a que los personajes, y nosotros con ellos, exploren los complicados y misteriosos pasadizos, mecanismos, conexiones, personajes y recónditos contenidos de la mente humana; en Intensa-mente 2 incluso llegamos a asomarnos al mismísimo subconsciente de Riley y su Secreto Más Escondido; todo lo cual es muy serio, aunque las películas presenten estos viajes de forma emocionante y hasta divertida.

En medio de muchas reflexiones que podemos hacer en torno a estas dos películas, especialmente a la segunda, descubro que tanto Alegría como Ansiedad son tiranas, cada una de ellas quiere imponerse como la emoción que ofrezca sentido de identidad a Riley, sacrificando todo lo que ellas consideran estorbo, aquí entran mecanismos de defensa tan profundos como la represión o la negación masiva: o todo debe ser alegría en la vida y pasarla bien, o todo debe ser estrés para conseguir metas. Ambas emociones actúan intransigentemente y con autoritarismo, aunque con distintos modos de expresión. Con esta propuesta, Disney-Pixar tuvo el atrevimiento de exponer la polarización más dramática de nuestra generación, vivida hoy de modo trágico, incluso por nuestros adolescentes: la compulsión por la felicidad pura o el estrés patólogico para conseguir logros.

La realización del ser humano, su crecimiento y su madurez se va configurando en la integración de todo lo que somos, de las emociones de distintos colores, sin calificaciones morales, las del pasado, aunque estén en los recónditos aposentos de nuestro subconsciente, y las que vivimos cada día. Nada de esto suprime nuestro anhelo de ser felices; Alegría, sin tiranías ni autoritarismos, sino con respeto e integrando armónicamente todo, ha de ser la líder del Cuartel General de nuestra mente. El deseo de ser feliz ha sido la máxima aspiración del ser humano desde siempre, lo cual es muy legítimo. Por otro lado, deben integrarse otras necesarias facultades humanas, que no son estrictamente hablando emociones, como la inteligencia y la voluntad, pero que interactúen estrechamente con ellas. 

Dos cosas para concluir. Primera, nuestra relación con Dios y nuestra fe no pueden estar al margen de las emociones; la Biblia está llena de ellas, pareciera que la Historia de la Salvación también tuviera su Cuartel General; Jesús mismo las vivió intensamente, su ministerio era emocionante y transmitía emociones ¿Cómo vivir el amor a Dios y al próximo sin emociones? ¿Cómo arrepentirse sin emociones? ¿cómo entregar la vida sin emociones? ¿cómo enfrentar las injusticias sin emociones? ¿cómo contemplar la obra de Dios sin emociones? Las emociones pueden ser como un incienso que podemos ofrecer a Dios. Segundo, por encima de las emociones está la capacidad de decisión y la libertad; los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, no podemos entender la propia vida como una red de reacciones automáticas, movidas sólo y únicamente por las emociones: soy yo quien dirige mi vida, quien la conduce, quien le da dirección; las emociones llenan de colores mi existencia, le dan calor y constituyen gran parte de lo que soy, son impulsos brillantes o azules o rojos o morados (o anaranjados o todos los demás), pero sobre ellos, estoy yo; quien da sentido de identidad a mi vida es mi propia conciencia, formada por lo que voy sintiendo y aprendiendo, por lo que es importante y bueno en sí mismo, por mi sistema de creencias y valores, por las metas que son trascendentes e iluminan lo que soy, todo lo cual, entonces sí, permite que viva mi vida intensa-mente.

Anger (gently): Joy, you've made a lot of mistakes and you'll make a whole lot more in the future, but if you let that stop you, we might as well lie down and give up.

lunes, 3 de junio de 2024

3 de junio de 2024

Los resultados de las elecciones en México se ofrecen en números y en puntos porcentuales; estamos ya acostumbrados a que vamos conociendo esas cifras a partir del avance de la información, tal como nos los ofrecen las encuestas de salida, el programa de resultados electorales preliminares y el conteo rápido del INE; sin embargo, el resultado final de las elecciones corresponderá a la suma de todos y de cada uno de los votos que fueron depositados en las urnas. Millones de papeletas físicas, contadas manualmente.

Siempre hay que considerar que esas cifras y esos porcentajes no son abstractos, corresponden a la suma de muchas decisiones individuales, hechas por persona particulares, las cuales, cada una de ellas, llegado el momento y por distintas razones, emiten su voto. Dice la mampara en la que nos aislamos del universo en ese momento crucial: “El voto es libre y secreto”, a estas alturas de la historia, creo que casi todos los mexicanos así lo creemos y así lo vivimos.

A lo largo del proceso electoral fuimos atiborrados por muchas imágenes y palabras: logotipos, posters, colores, espectaculares, pintas de bardas, plásticos, videos, memes; discursos, consignas, debates, canciones, noticias, opiniones, comentarios, pláticas de café, discusiones en grupos de WhatsApp, análisis sesudos, aseveraciones superficiales, dimes y diretes, broncas y acusaciones mutuas interminables; difícilmente podíamos ir asimilando y procesando tanta información; seguramente para muchos no fue fácil emitir una opinión propia que les condujera a una decisión bien discernida.

En estas circunstancias, no he podido dejar de pensar que hubo un fenómeno que denominaría de élite, configurado por pensadores, líderes de opinión (así lo dicen), analistas, académicos, que tienen acceso a medios de comunicación, tradicionales o digitales, periodistas, editorialistas, entrevistadores y entrevistados; a este grupo pueden pertenecer también, maestros, empresarios, comerciantes, profesionistas, líderes religiosos. Personalmente percibía que había entre ellos cierta polarización, que había partidarios de unos y otros actores; pero, la verdad, también notaba una tendencia entre muchos de ellos a expresar con contundencia una y otra vez y en todos los tonos: “que no gane Morena”; esa era la postura oficialmente inteligente, la verdad suprema, lo demás era ignorancia y necedad. Sin embargo, demográficamente, este grupo no es relevante, es un círculo porcentualmente muy pequeño en relación con el universo de la población, su voto contaba igual que el de los otros: uno por persona. En un momento dado pensé que su influjo pudiera afectar de alguna manera el rumbo de las tendencias, pero no fue así.

Como en una especie de corriente paralela a la de la élite, los mexicanos y mexicanas tomaron individualmente decisiones que, sumadas, definieron el resultado final de la elección. Morena triunfó. Los números y porcentajes finales dejaron con la boca abierta a muchos, eran de no creerse, escaparon a todo análisis, previsión y encuesta, incluso para los partidarios elitistas de Morena.

Creo firmemente que los resultados de las elecciones en nuestro país son, ante todo, respetables. Sería poco objetivo pensar que las injerencias del presidente de la república, del aparato del estado o del crimen organizado explican estos resultados, no. Tampoco los programas sociales. Repito, fue la suma de las respetables decisiones individuales de millones de mexicanos y mexicanas que trabajan en las fábricas, en la construcción, que atienden en las tiendas y en los restaurantes, amas de casa, vendedores ambulantes, empleados de oficina, jubilados; fue la decisión de mexicanos y mexicanas que usan transporte público, que compran en los tianguis, que son aficionados a uno u otro equipo de futbol, que se juntan en las tardes para asar pollo, que llevan a sus hijos a la escuela, que el domingo van a Misa o al culto.

Guste a algunos o no, estén otros de acuerdo o no, la decisión que tomaron es respetable y tiene sus razones. Son ellos quienes representan el círculo demográfico que define las elecciones, son ellos quienes han decidido el modo como será conducido nuestro país. Su voz ha sido contundente y se ha dejado oír.

Quienes de alguna manera u otra pertenecemos a las élites de la que he hablado, debemos ponernos a pensar qué tanta sintonía e influencia tenemos con todos aquellos que, a final de cuentas, son los protagonistas de la democracia.

 

jueves, 11 de mayo de 2023

Visita Ad Limina 2023. Mi encuentro con Francisco


A unos minutos de haber salido de saludar al Papa Francisco, acompañando a mi Obispo, Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía, en visita Ad Limina, desearía recoger los sentimientos que los católicos de todo el mundo compartimos en torno a la figura del Santo Padre y lo que representa en nuestras vidas. Sí, por un lado, las verdades teológicas sobre el ministerio petrino son muy abundantes y son la base del vínculo que nos une a él, pero, por otro lado, también son abundantes los efectos que estas verdades han hecho nacer en los corazones de millones de católicos de todo el mundo y de todos los tiempos.

Desde que era niño, la presencia de los Papas ha estado en el horizonte de mi fe, desde Pablo VI hasta Francisco, junto con las figuras destacadas de tantos Papas de la historia. Nuestra generación han sido muy bendecida: en las últimas décadas hemos tenido Pontífices ejemplares. Oré ante sus tumbas.

Francisco lleva sobre sus hombros grandes y complicadas responsabilidades, las cuales han tenido innumerables y polémicos efectos, todos lo podemos ver. Al mismo tiempo, es notable que el Santo Padre proyecta una personalidad propia, que ha dotado a su ministerio de características personales, cargadas de un profundo simbolismo, no fácil, para la Iglesia y para el mundo.

Personalmente, el Santo Padre ha sido para mí un ejemplar maestro en el modo como debo vivir mi fe y en la forma en que Dios me llama a ser párroco y pastor. El Papa Francisco me ha conducido a pensar y reflexionar mucho sobre el sentido de la fe, sobre el mundo, sobre la misión de Iglesia y el modo como debe llevarla a cabo. Al mismo tiempo, su siempre cercana presencia, a pesar de la distancia, ha movido mi corazón a desarrollar un afecto muy entrañable por su persona: lo quiero mucho y quisiera compartir de alguna manera sus propios sentimientos, especialmente los que tienen que ver con los temas más difíciles y el modo como los enfrenta.

Es por todo ello que soñaba en saludarlo, experimentar su cercanía y de alguna manera expresarle mi cariño y solidaridad, con la ingenua, pero profunda esperanza, que ello pudiera representar algo para él.

“Soy José Luis Cerra Luna, de la Diócesis de Matamoros… Santo Padre, estoy con usted”. Él no me dijo nada, pero me vio muy bonito. 

Reunidos los sacerdotes presentes, que acompañamos a nuestros Obispos, nos dijo a todos: “Gracias por acompañar a sus Obispos y por todo lo que hacen por ellos…”, y nos dio la bendición; luego, sutilmente nos despidió: “váyanse a tomar una cerveza allá afuera” (quién soy yo para desobedecer al Santo Padre). 

Sus palabras al final me han hecho pensar en los oficios que ahora desempeño en la Diócesis, como párroco y como colaborador del Obispo en su gobierno. Pido a Dios que esta maravillosa experiencia lime un poco las aristas e imperfecciones de mi persona y ministerio y me lance a seguir esforzándome en responder a Dios de la mejor manera, a mi estilo, pero iluminado por el ejemplo de Francisco y de tantos otros maestros y maestras de los que Dios me ha rodeado.

Gracias Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía por este tremendo regalo. 

Jueves 27 de abril de 2023



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martes, 3 de enero de 2023

Mi pequeño tributo al gran Papa Benedicto XVI

Hace años tuve un sueño muy vívido y extraño: soñé que el Papa Benedicto XVI visitaba mi parroquia y que él y yo caminábamos juntos por calles llenas de baches, charcos y banquetas mal hechas; en un momento dado, lo tomé por el brazo para ayudarlo a evadir algún obstáculo y sentí de manera muy perceptible la fragilidad de sus hombros, esos débiles hombros sobre los que el Papa cargaba el peso de la Iglesia Universal. 

La figura de Benedicto XVI ha sido impactante para mí. Él, un hombre que gustaba de la investigación, en la que encontraba una expresión y profundización de la fe y no un mero ejercicio académico; él, un hombre cuyo carácter, más bien introvertido, prefería la soledad, no como huida, sino como oportunidad de reflexión, interiorización, oración; él, un hombre que tenía la firme convicción de que el mejor servicio que podía prestar a la Iglesia era tras bambalinas, apoyando discretamente al líder que el Espíritu Santo designara; él, por misteriosos caminos de la Providencia, fue elegido por los “señores cardenales”, pastor de la Iglesia universal.

Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su vicario, ha querido que sea la “piedra” en la que todos puedan apoyarse con seguridad. A él le pido que supla la pobreza de mis fuerzas, para que sea valiente y fiel pastor de su rebaño, siempre dócil a las inspiraciones de su Espíritu (Benedicto XVI, Primer mensaje al final de la concelebración eucarística con los Cardenales electores en la Capilla Sixtina, 20 de abril de 2005).

Siempre admiré el modo cómo en cada momento de su pontificado, siendo consciente de la “pobreza de sus fuerzas” el Papa trató de expresar con sus palabras, con sus decisiones, con sus actitudes, en sus celebraciones, aquello que su conciencia le dictaba era lo mejor para la Iglesia y el mundo en esa etapa concreta de la historia, siendo coherente con la fe, apegado a la verdad, que tanto amó y defendió, e iluminado por una exquisita caridad. 

Muchos se declararon sus admiradores y fieles seguidores, otros fueron sus críticos, ambos polos con algunos representantes de posiciones extremas, otros, esgrimiendo justas y mensuradas razones. Qué figura pública no tiene sus fans y sus detractores, qué hombre no tiene sus luces y sus sombras.

La única vez que vi en persona a Benedicto XVI, no ya en sueños, fue en una audiencia general en Roma, de lejos, mientras pasaba caminando saludando a la gente por el pasillo central del Aula Pablo VI; el primer pensamiento que me vino a la mente fue: “El Papa no es fotogénico”, y es que las imágenes impresas y digitales muchas veces no le hacen justicia; ya en persona  verdaderamente proyectaba una gran bondad de corazón y una genuina humildad, lo cual no contrasta, sino que integra su genio intelectual y su liderazgo global.

Sus últimas palabras iluminan todo: “Señor, te amo”. Dios me conceda, al final de mi vida, poder también decirlas de corazón. Gracias, Papa Benedicto XVI; gracias, Joseph Aloysius.