martes, 9 de abril de 2019

Palabras previas a la conferencia "Iglesia, frontera y migración", por Mons. Gustavo García-Siller, Arzobispo de San Antonio, en el marco de las celebraciones del sexagésimo aniversario de la Diócesis de Matamoros


“Así, pues, ya no son extranjeros ni huéspedes, sino ciudadanos de la ciudad de los santos; ustedes son de la casa de Dios” (Ef 2,19)
La migración no es un fenómeno social que caracterice sólo este momento de nuestra historia, sino una realidad que radica en la esencia misma del ser humano: hombres y mujeres, niños, familias, razas y etnias, grupos sociales, miembros de confesiones religiosas y políticas, se han trasladado siempre de un sito a otro, motivados por infinitas razones, pero buscando en todos los casos ambientes mejores de vida. Así fue habitado nuestro continente, a través del estrecho de Beiring, según recuerdo contaban los libros de texto gratuitos de la primaria.
Para mí fue de gran impacto ver digitalmente e imprimir la lista de pasajeros del barco Marqués de Comillas, el cual, procedente de Veracruz, llegó a Nueva York el 21 de octubre de 1935, de donde partiría para Cádiz, España. En ese barco viajaba un niño de ocho años, solo, José Luis Cerra Moreno, mi padre. Había quedado huérfano y fue enviado a España con familiares, de donde, sin embargo, regresaría a los pocos años, después de haber sufrido la guerra civil española. Sólo en dos ocasiones lo escuché hablar de eso.
Seguramente la mayoría de los que estamos aquí está ligado a historias cercanas de migración, es muy posible que nosotros mismos seamos de hecho migrantes. De alguna manera poseemos todos una especie de genoma nómada que compartimos con los migrantes de todos los tiempos y de todas las latitudes.
Uno de ellos es nuestro huésped el día de hoy, un migrante mexicano, potosino, que, trasladándose a Estados Unidos, aprendió el inglés como segunda lengua y es ahora arzobispo de una Iglesia multicultural, conformada por migrantes como él. A Monseñor Gustavo García Siller, Arzobispo de San Antonio, lo conocí en alguna etapa del Camino de la vida, en Toluca, en donde fuimos compañeros de residencia en el Curso de Verano para Formadores, calculo que en 1993 (él no se acuerda).
La reflexión y la labor pastoral de Mons. Gustavo han estado orientadas al servicio de los migrantes y refugiados mucho antes de que llegara a San Antonio; Monseñor no sólo se integró a una Iglesia Local tradicionalmente comprometida con la movilidad humana, la interculturalidad, la Teología hispana y mestiza, sino que, ahora como pastor, ha impulsado en su arquidiócesis gran número de iniciativas encaminadas a hacer vida el Evangelio: “fui forastero y ustedes me recibieron en su casa” (Mt 25,35). La Catedral de San Fernando, su catedral, históricamente ha sido siempre la casa de todos los migrantes, los cuales ahora sufren las políticas de la tolerancia cero y de la separación de las familias, entre otros retos.
En el contexto de la celebración jubilar de los sesenta años de fundación de nuestra Diócesis no podemos dejar de reconocer que bajo el cielo de nuestros municipios, de manera semejante a San Antonio, existe también una realidad global, somos una linda región irremediablemente situada a orillas del Río Bravo, en la que han estado, están y estarán siempre presentes los “forasteros” del planeta, aunque muchas veces no los veamos, o no queramos verlos: la muchacha asiática que nos atiende cuando compramos comida china en Soriana, los migrantes de Centroamérica, pero también de Cuba y de países africanos y europeos, incluso nuestros paisanos mexicanos, que se sienten extranjeros en su propia patria. Esta mañana la doctora Cirlia y los padres Sean y Francisco compartían con nosotros dramáticas y conmovedoras historias pastorales; sin duda la migración tendrá que seguir siendo una de las prioridades de la vida diocesana, de tal manera que nuestros hermanos migrantes no sean los “otros”, los invisibles, sino nuestros “conciudadanos”, miembros de la misma familia de Dios. Enseguida, pues, escucharemos a Mons. Gustavo García Siller, Arzobispo de San Antonio que, sin duda, enriquecerá con su reflexión y su testimonio el contexto de nuestra Iglesia Local en este momento de nuestra historia. Gracias Monseñor, lo escuchamos.


viernes, 14 de diciembre de 2018

SPOILER TOTAL DE LA PELÍCULA ROMA DE CUARÓN, NO APTA PARA QUIEN NO LA HA VISTO



Si hubiera hecho yo la película, se llamaría Angeles, así era el nombre de la colonia donde estaba la casa en la que viví los primeros años de mi vida, hasta los nueve. Colonia Nueva los Ángeles de Torreón
Cuarón es del 61, yo del 63. En el curso escolar 1970-1971 él iba en cuarto, yo en segundo. Pudimos haber sido hermanos en la película.
Como la de la película, también mi familia era de clase media, igual nos gustaban los gansitos congelados, veíamos Ensalada de Locos en la tele y leíamos cuentos de Periquita y del Pájaro Loco. Teníamos la Enciclopedia Salvat y una autopista eléctrica idéntica a la de los niños de Roma.
Oíamos el ruido del afilador y del señor de los camotes, nos era familiar el Fab e íbamos al Cine Princesa; el soundtrack de mi infancia también incluye a Leo Dan, al Pirulí y a Angélica María, Soñaba en aviones (todavía).
Mis hermanos y yo nos peleábamos como los niños de Roma y nuestra madre nos regañaba en los mismos términos y con semejante tono de voz. Es más, mi infancia la recuerdo en blanco y negro, seguramente porque así era nuestra tele de bulbos.
Mi padre no estuvo ausente, bueno sí, cuando se murió. Igual de imponente era el carro en el que llegaba, como si fuera el emperador.
Había también diferencias, por ejemplo: nunca tuvimos perro y sí teníamos jardín.
Y había dos ángeles, Nina y María, no eran Mixtecas, pero tenían el mismo tono de piel. El cine no tiene olor, pero estoy seguro que olían igual que Cleo y Adela: a jabón y talco. Cómo no me voy a acordar, si mis hermanos y yo tuvimos el privilegio de recibir su entrañable, tierno y sincero amor.
Aún presente mi padre, la figura de las mujeres adultas de casa, Maria de Jesús, mi madre, Nina y María, fue protagónica. En aquella edad no podía siguiera imaginar lo que pudiera pasar en su universo interior, ni los actos heroicos de los que fueron capaces, o lo solas que pudieron haberse sentido, como me ha hecho pensar ahora Roma, casi cincuenta años después.
Si los primeros años de vida estructuran y configuran la personalidad para siempre, Cuarón me hace reconocer que hoy traigo introyectado en lo que soy y en lo que hago el olor a jabón y a talco de Nina y de María (una sola vez vi al novio de Nina, ahora entiendo por qué me acuerdo), reconozco también que en la configuración de la historia del México que somos, estas mujeres, tan anónimas, tan invisibles, de las que no conocemos ni la fecha de nacimiento ni sus apellidos, son verdaderas Primas Donnas.
Gracias Alfonso, Gracias Nina, gracias María.

domingo, 2 de diciembre de 2018

MI APOLOGÍA A AMLO


Yo creo que no es cuestión de “formas”, sino de “fondo”. El estilo con que se ha desenvuelto López Obrador desde hace cuarenta años de carrera política y que ha proyectado a lo largo de estas pocas horas que lleva como presidente de la república, según mi punto de vista, son fruto de un modo de vida que ha arraigado como una manera suya de ser.
¿Alguien llevó la cuenta de cuántos kilómetros recorrió durante más de doce años de campaña a la presidencia? ¿Cuántos de esos kilómetros fueron en brechas, cuántos en carreteritas de un carril de ida y otro de vuelta, seguramente llenas de baches, cuántas en carreteras libres, cuántas en autopistas de pago? ¿A dónde llegó en bestia o en piragua o en avioneta?
Es probable que muchas más veces de las que imaginamos, López Obrador se detuvo a la orilla de la carretera a comer unas gorditas, o en un Oxxo a comprar por lo menos un vikingo o unas conchitas; no faltaron las ocasiones en las que fue al baño en gasolineras, o que se entretuvo en la vulcanizadora del pueblo a esperar que le arreglaran la llanta de la camioneta, o con el mecánico, porque el motor se estaba calentando. Con cuánta gente compartiría el asiento en los aviones, con eso de que Viva Aerobús te acomoda como ellos quieren, aún en VIP; ni qué decir de las horas en las salas de espera de aeropuertos, aunque ya hubiera pasado el check in y el check point.
Cuánta gente local lo acompañaría en los recorridos, subidos en la camioneta, indicándole al chofer por dónde irse: “por esa no, porque está muy maltratada y obscura, mejor vete por la que sigue”. Seguramente dormiría en hoteles de primera, pero también en hoteles de cadena y en hoteles locales de la más diversa calidad, al no haber más; pero también en casas, que sus partidarios le ofrecerían encantados de la vida, en donde se encontró con las familias, con vecinos, con amigos a quienes los anfitriones podrían presumir. “Bueno, ya no te molestamos, te dejamos descansar, ahí en el baño hay todo, se batalla con el escusado, nomás levántale la tapa para jalarle, si necesitas algo háblanos, con toda confianza… buenas noches, descansa”.
Durante más de doce años cuántas cosas le habrán pedido, cuántos consejos le habrán dado, cuántos análisis políticos y económicos habrá recibido, cuántas quejas, cuántas críticas, cuántos chismes, cuántos exabruptos, cuántas propuestas, cuántas bendiciones y cuántas maldiciones. Niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos; hombres, mujeres; pobres, clasemedieros, ricos, obreros, empresarios, empleados, desempleados; indígenas, mestizos, güeritos; católicos, protestantes, judíos, ateos; sinceros, arribistas, oportunistas, generosos, díscolos; grupos organizados y desorganizados.
Fueron doce años en los que se dejó tocar por la gente y donde escuchó a la gente.
En su mensaje del Zócalo, casi al último, habiendo leído y comentado sus cien promesas, López Obrador quiso dejar claro que el contacto con la gente le ha calado hasta la médula de su conciencia y que no está dispuesto a prescindir de ese contacto durante su gobierno, incluso a costa de su seguridad. Declaró que a final de cuentas es esa comunicación con el pueblo de donde quiere partir para emprender el estilo con el que va a gobernar. Cito lo que dijo, no todo lo tenía escrito, en cursivas está el discurso que aparece en la página del Gobierno de México, lo demás fue espontáneo:
No dejemos de encontrarnos. Ahora, quienes me quieren, que son muchos, como ustedes, que son mi familia, muchos, muchos, me recomiendan que me cuide y estoy haciendo caso a esas recomendaciones, pero no quiero dejarme atrapar, no quiero que me rodeen y que ya no pueda tener comunicación directa con el pueblo. Estoy resolviendo este asunto. Mantengamos siempre, esa es mi apuesta, la comunicación. No habrá divorcio, repito, entre pueblo y gobierno. Yo les digo de corazón, de manera sincera, les necesito; conozco la historia, cuando gobernantes revolucionarios se desprenden, cuando gobernantes revolucionarios, cometen el error de separarse del pueblo, no les va bien; gente buena, que se ha ido quedando sola por no tener la comunicación con el pueblo. Yo les necesito, porque como decía el presidente Juárez: “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”; con humildad les digo, tengan confianza, y estoy seguro que no me van a dejar solo, y les digo: no me dejen solo porque sin ustedes no valgo nada, o casi nada, yo ya no me pertenezco, yo soy de ustedes, soy del pueblo de México; además, sin ustedes, y esto con todo respeto, hablando en el terreno político, sin ustedes, los conservadores me avasallarían fácilmente, pero con ustedes me van a hacer lo que el viento a Juárez. Yo les pido apoyo, porque reitero el compromiso de no fallarles, primero muerto que traicionarles”.
No sólo Ortega y Chávez, ni sólo los revolucionarios, tampoco exclusivamente los políticos: todo líder que se aleja del pueblo se va quedando solo y va gobernando solo, respondiendo ya no al pueblo, a quien se debe, sino a sí mismo y a los intereses propios y de su clan. López Obrador casi nos suplica que no lo dejemos solo, nos grita que nos necesita. Yo sí creo que arrodillarse frente a un indígena fue un gesto sincero, yo sí creo que haber viajado en el camioncito del aeropuerto para subirse al avión, ya como presidente de la república, sí responde a esa necesidad imperiosa de no alejarse de la realidad real (sic) y de la gente real, yo sí creo que va a seguir así y que eso le dará un estilo de gobierno que ya necesitábamos, menos virreinal y más democrático.
Según mi punto de vista, este es el plus de López Obrador, no las macroteorías de la geopolítica aprendidas en Cambridge y estampadas en una tesis doctoral, sino el contacto con la gente real, a quien oyó y por quien se dejó tocar, un plus que no tenían ni Anaya ni Meade, y que le da a López Obrador un posicionamiento sólido para gobernar con los pies sobre la tierra. Dios quiera que todo lo que vivió en estos doce años no se le olvide en dos o tres, sino que lo mantenga en seis.
Hay temas de los que no alcanzo a entender muchas cosas, vamos a ver, apenas vamos empezando; no sólo quiero ofrecer a López Obrador el beneficio de la duda, sino mi confianza y esperanza en que vaya respondiendo de la mejor manera; si de esas cien promesas, cumple ochenta, me doy más que servido.
A mí López Obrador me ha hecho pensar mucho: la extensión de mi liderazgo es reducida, estrecha, en nada comparable con la del presidente de la república, sin embargo, veo también que tengo que ejercer mi liderazgo en contacto con el pueblo al que sirvo y al que me debo, escuchar y dejarme tocar; yo también quisiera decir: “primero muerto que traicionarles”. Ojalá que esto vaya cundiendo y haga pensar y actuar a gobernadores y alcaldes, pero también a patrones, líderes sindicales, maestros, pastores y, por qué no, padres de familia, y que el estilo de López Obrador se vaya de alguna manera haciendo el estilo de México, al menos en lo que este tema se refiere.

jueves, 25 de mayo de 2017

LETANIAS DE LA HUMILDAD

Rafael Cardenal Merry de Val (1865 - 1930), Secretario de Estado de San Pío X

Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo.

Del deseo de salirme siempre con la mía, líbrame, Señor.
Del deseo de ser estimado, líbrame, Señor.
Del deseo de ser amado, líbrame, Señor.
Del deseo de ser ensalzado, líbrame, Señor.
Del deseo de ser honrado, líbrame, Señor.
Del deseo de ser alabado, líbrame, Señor.
Del deseo de ser preferido a los demás, líbrame, Señor.
Del deseo de ser consultado, líbrame, Señor.
Del deseo de ser aprobado, líbrame, Señor.
Del deseo de ser entendido, líbrame, Señor.
Del deseo de ser visitado, líbrame, Señor.

Del miedo a ser humillado, líbrame, Señor.
Del miedo a ser despreciado, líbrame, Señor.
Del miedo a ser rechazado, líbrame, Señor.
Del miedo a ser calumniado, líbrame, Señor.
Del miedo a ser olvidado, líbrame, Señor.
Del miedo a ser ridiculizado, líbrame, Señor.
Del miedo a caer en sospechas, líbrame, Señor.
Del miedo a ser corregido, líbrame, Señor.
Del miedo a ser abandonado, líbrame, Señor.

Dame, Señor, la gracia de desear que otros sean más amados que yo.
Dame, Señor, la gracia de desear que otros puedan crecer y yo disminuir.
Dame, Señor, la gracia de desear que otros puedan ser escogido y yo rechazado.
Dame, Señor, la gracia de desear que otros puedan ser alabados y yo ignorado.
Dame, Señor, la gracia de desear que otros puedan ser preferidos a mí en todo.
Dame, Señor, la gracia de desear que otros alcancen la santidad más que yo, y de que yo puede ser tan santo como debo serlo.

De ser desconocido y pobre, quiero alegrarme, Señor.
De ser privado de naturales perfecciones de cuerpo y mente, quiero alegrarme, Señor.
De que la gente no piense en mí, quiero alegrarme, Señor.
De que se me asignen a tareas humildes, quiero alegrarme, Señor.
De que ni siquiera me tomen en cuenta, quiero alegrarme, Señor.
De que nadie pregunte mi opinión, quiero alegrarme, Señor.
De que se me deje en los últimos lugares, quiero alegrarme, Señor.
De que nunca me feliciten, quiero alegrarme, Señor.
De que me echen la culpa a tiempo y destiempo, quiero alegrarme, Señor.

Bienaventurados los que sufren persecución a causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos



jueves, 4 de mayo de 2017

A UN PEREGRINO

La señora Rosario Núñez, vecina de Carrión de los Condes y autora de este poema, me lo recitó de memoria en la Iglesia de Nuestra Señora del Camino, cuando precisamente hacía el Camino de Santiago en 2011 y me detuve en la Iglesia para esperar la Misa. Me causó gran emoción y quiero compartirlo con todos ustedes.

Vean este video, si gustan, de mi primer Camino, en 2008: https://youtu.be/cfeNFQSgHXc

Peregrino y caminante,
que a Santaigo vas contento,
sin asustarte la lluvia
ni frío, calor o cierzo,
quisiera yo preguntarte
qué dicen tus pensamientos.

Seguro que al cielo miras
y pides frescura al viento
y cuando llueve, quizás
piensas que dentro, más dentro,
el agua que dan las nubes
a tu alma da refresco.

¿Qué buscas en el camino
o qué llevas ofreciendo?

Puede ser que ofrezcas gozos,
puede ser que ofrezcas duelos,
puede ser que profundices
en tantos, tantos misterios
que la vida nos esconde
y saberlos más queremos.

¡Tantas cosas pueden ser
tantas, seguro, irán siendo!

Te dirán mucho los campos,
te dirán mucho los sueños
y también quizás
las estrellas del Sendero,
porque ellas antes que tú
a Santiago ya le vieron.

¡Y cántas veces, seguro,
hablando con el Maestro!

Nuestra Virgen del Camino
contigo irá por supuesto,
para dar fuerza a tu fe,
para siempre darte aliento.

Lo que buscas no lo sé,
lo que encuentras casi cierto.

Encontrarás mucha paz,
te llenarás de contento
y el Señor sabrá premiar
tus sudores y tu esfuerzo.

Y al abrazar al Apóstol
seguro que sonriendo,
le contarás del Camino
y él te contará del cielo.

Y si pones atención
y si tú escuchas presto
te enseñará lo mejor,
te enseñará lo perfecto.

Te tomará de su mano,
para llevarte al Maestro.

Rosario Núñez
Carrión de los Condes, 1992