Una puerta abierta es signo de bienvenida, de recepción
cariñosa, de acogida. Más aún cuando hay un anfitrión que nos espera dentro
para recibirnos y brindarnos un cariñoso abrazo y para ofrecernos su
hospitalidad en un hogar acogedor. Es por ello que pasar por la puerta abierta
de una casa es una experiencia altamente enriquecedora que nos hace crecer. El
Papa Francisco nos dijo en la homilía de la Eucaristía de apertura del Año
Jubilar, antes de abrir la Puerta Santa:
“Entrar por la puerta significa
descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale
personalmente al encuentro de cada uno”.
Es Dios Padre quien nos abre la puerta, quien nos invita a
entrar, quien nos ofrece abrigo en la calidez de su hogar. Así, la Basílica de
San Pedro, las demás basílicas de Roma, pero también todas las catedrales del
mundo e innumerables iglesias y santuarios del planeta, se convierten en casas
de puertas abiertas, por las que pasamos a recibir con gran júbilo el
maravilloso regalo de la misericordia del Padre.
Las iglesias no son fríos museos, sino la casa de un Padre
que celebra una fiesta para sus hijos (Lc 15, 23-24) que, arrepentidos, nos
encaminamos a recibir su amor con corazón abierto y humilde. La misericordia de
Dios es sinónimo de fiesta, de júbilo, de “jubileo”.
En nuestra Diócesis no sólo la Catedral de Matamoros, también
las Parroquias de Nuestra Señora de Guadalupe de Reynosa, Sagrado Corazón de
Valle Hermoso y San Fernando de San Fernando tienen sus Puertas Santas de Misericordia
abiertas a recibir a quien busque las gracias especiales que este Año Jubilar
ofrece, cumpliendo con las condiciones que la Iglesia pide.
Hemos de ir como peregrinos, como personas que se desapegan
de las ataduras que nos vinculan a nuestros egoísmos, como itinerantes que, puestos
de pie, se encaminan a la meta soñada, atravesando en este caso la distancia
que nos separa del amor de Dios, con penitencia, pero también con gozo. El
Santo Padre nos dice:
“La peregrinación es un signo
peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza
en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su
camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa
en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las
propias fuerzas, una peregrinación”.
La confesión es también una puerta que nos permite salir de
la oscuridad del pecado y entrar a la luz de la gracia; la profesión de fe nos
vincula al Credo de la Iglesia peregrina de todos los tiempos y nos une como
una sola familia; orar por las necesidades del Santo Padre es un modo concreto
de agradecer todo lo que él hace por el Santo Pueblo Fiel de Dios y colaborar
al desarrollo feliz de su ministerio.
Salir por la Puerta Santa de la Misericordia tiene también
su profundo significado, no puede ser que regresemos al mundo como si nada
hubiera pasado; si entramos por la Puerta Santa, salgamos también por ella a
practicar la misericordia de la que hemos sido beneficiados. Hay catorce
caminos concretos para hacerlo: las obras de misericordia espirituales y
materiales. Seamos “misericordiosos como el Padre” (Lc 6,36) y encontrémonos con Jesús que
sufre en los más pobres y necesitados. Ellos son también Puertas Santas que nos
conducirán a un Reino preparado para nosotros desde la creación del mundo (Cf.
Mt 25,32).
¡Buen camino!

muy CLARITO...y si, la salida tiene su misión también...saludos Padre Jose Luis
ResponderEliminar