martes, 25 de junio de 2024

Intensa-mente 2 (y 1)


Las emociones no las pensamos, no las planeamos, no las provocamos: nos sobrevienen y las vivimos; existe una gran variedad de ellas, están detrás e impulsan los sentimientos, las actitudes y las conductas; incluso, pudiéramos decir que de alguna manera contribuyen a la configuración nuestra personalidad. Detrás de nuestras decisiones normalmente hay emociones, raramente puras, por lo general vienen combinadas
  y pueden pasar por un largo proceso antes de convertirse en conductas arraigadas o en características de nuestra personalidad, pero también es cierto que podemos expresarlas sin filtros y de manera pura, incluso explosivamente. Las emociones surgen ante las situaciones externas que vivimos: la pérdida de un ser querido nos provoca tristeza; los agravios o injusticias pueden suscitarnos furia; el temor surge ante los peligros y las amenazas; nos causa desagrado aquello que provoca en nosotros una sensación repugnante; la alegría puede ser fruto de la compañía de quien amamos. Hay que reconocer, además, que esas mismas emociones pueden surgir ante cuestiones subjetivas, como la imaginación, los recuerdos o los pensamientos. Las emociones también influyen grandemente en nuestras relaciones interpersonales, inundan el ambiente familiar y tocan poderosamente el modo como nos relacionamos con quienes amamos, con amigos, compañeros y figuras de autoridad. 

Algo que tenemos que tener muy claro es que las emociones no son ni buenas ni malas, no hay una mejor ni peor que otra, simplemente ahí están, moviendo nuestra vida y llenándola de colores.

Esto es justamente el tema de nuestras dos películas. La original Intensa-mente, de Disney-Pixar (2015) nos presenta estas cinco emociones, caracterizadas como coloridos personajes en el interior la protagonista, una niña llamada Riley. Alegría, Furia, Tristeza, Temor y Desagrado interactúan en Riley desde su nacimiento hasta el tiempo en que se desarrolla la mayor parte de la película, cuando se muda con su familia de Minnesota a San Francisco; la mente de Riley, como la de todo ser humano, es presentada como un Cuartel General en el que las emociones interactúan con ella a través de una consola que cada emoción acciona según las circunstancias que Riley va viviendo; por otro lado, ya desde su infancia se van acumulando los pensamientos, alguno de ellos centrales, los cuales a su vez forman las islas de personalidad.

La líder de las emociones es Alegría, constantemente preocupada de que Riley siempre esté contenta, que los recuerdos que conserve sean alegres, especialmente los centrales, que las islas de su personalidad también reflejen felicidad; para ello, limita constantemente la acción de las demás emociones, a las que considera nocivas, de modo especial a Tristeza, y trata de disminuir los recuerdos que representen algo que no sea alegre. Al final, caeremos en la cuenta que todas las emociones son importantes, que cada una aporta algo necesario para nuestra vida y que todas ellas son las que configuran lo que a final de cuentas somos.

Intensa-mente 2 (2024) continúa la misma dinámica, siempre en la mente de Riley, que ya tiene 13 años e inicia su pubertad. Se incorporan nuevas emociones: Envidia, Vergüenza, Aburrimiento (Ennui o Oui Oui), Ansiedad y eventualmente Nostalgia, a la que siempre alejan las demás; de todas ellas, quien pretende convertirse en líder es Ansiedad, contrapuesta abiertamente a Alegría, quien a su vez, a toda costa, quiere impedir que Ansiedad tome posesión de la vida de Riley; Ansiedad busca el mando de la consola, pues tiene la convicción de que sólo a través de su influjo, Riley podrá construir un sentido de identidad que dé valor a su vida: será exitosa, obtendrá logros, será admirada y popular, como las niñas mayores a las que ella tanto admira y a cuyo grupo a toda costa debe pertenecer. Goles en el Hockey, pertenecer al equipo Firehawks, encajar con las poderosas, especialmente con Valentina Ortiz, se convierten en obsesión, a causa del poder de Ansiedad sobre Riley, un poder que, en un momento dado, se escapa a todo control.

Tanto en la primera parte como en la segunda, Alegría es desterrada temporalmente del Cuartel General, en la primera película acompañada sólo de Tristeza y en la secuela de todos los demás compañeros originales; estos destierros, y los esfuerzos por volver al Cuartel General, dan pie a que los personajes, y nosotros con ellos, exploren los complicados y misteriosos pasadizos, mecanismos, conexiones, personajes y recónditos contenidos de la mente humana; en Intensa-mente 2 incluso llegamos a asomarnos al mismísimo subconsciente de Riley y su Secreto Más Escondido; todo lo cual es muy serio, aunque las películas presenten estos viajes de forma emocionante y hasta divertida.

En medio de muchas reflexiones que podemos hacer en torno a estas dos películas, especialmente a la segunda, descubro que tanto Alegría como Ansiedad son tiranas, cada una de ellas quiere imponerse como la emoción que ofrezca sentido de identidad a Riley, sacrificando todo lo que ellas consideran estorbo, aquí entran mecanismos de defensa tan profundos como la represión o la negación masiva: o todo debe ser alegría en la vida y pasarla bien, o todo debe ser estrés para conseguir metas. Ambas emociones actúan intransigentemente y con autoritarismo, aunque con distintos modos de expresión. Con esta propuesta, Disney-Pixar tuvo el atrevimiento de exponer la polarización más dramática de nuestra generación, vivida hoy de modo trágico, incluso por nuestros adolescentes: la compulsión por la felicidad pura o el estrés patólogico para conseguir logros.

La realización del ser humano, su crecimiento y su madurez se va configurando en la integración de todo lo que somos, de las emociones de distintos colores, sin calificaciones morales, las del pasado, aunque estén en los recónditos aposentos de nuestro subconsciente, y las que vivimos cada día. Nada de esto suprime nuestro anhelo de ser felices; Alegría, sin tiranías ni autoritarismos, sino con respeto e integrando armónicamente todo, ha de ser la líder del Cuartel General de nuestra mente. El deseo de ser feliz ha sido la máxima aspiración del ser humano desde siempre, lo cual es muy legítimo. Por otro lado, deben integrarse otras necesarias facultades humanas, que no son estrictamente hablando emociones, como la inteligencia y la voluntad, pero que interactúen estrechamente con ellas. 

Dos cosas para concluir. Primera, nuestra relación con Dios y nuestra fe no pueden estar al margen de las emociones; la Biblia está llena de ellas, pareciera que la Historia de la Salvación también tuviera su Cuartel General; Jesús mismo las vivió intensamente, su ministerio era emocionante y transmitía emociones ¿Cómo vivir el amor a Dios y al próximo sin emociones? ¿Cómo arrepentirse sin emociones? ¿cómo entregar la vida sin emociones? ¿cómo enfrentar las injusticias sin emociones? ¿cómo contemplar la obra de Dios sin emociones? Las emociones pueden ser como un incienso que podemos ofrecer a Dios. Segundo, por encima de las emociones está la capacidad de decisión y la libertad; los seres humanos, hechos a imagen y semejanza de Dios, no podemos entender la propia vida como una red de reacciones automáticas, movidas sólo y únicamente por las emociones: soy yo quien dirige mi vida, quien la conduce, quien le da dirección; las emociones llenan de colores mi existencia, le dan calor y constituyen gran parte de lo que soy, son impulsos brillantes o azules o rojos o morados (o anaranjados o todos los demás), pero sobre ellos, estoy yo; quien da sentido de identidad a mi vida es mi propia conciencia, formada por lo que voy sintiendo y aprendiendo, por lo que es importante y bueno en sí mismo, por mi sistema de creencias y valores, por las metas que son trascendentes e iluminan lo que soy, todo lo cual, entonces sí, permite que viva mi vida intensa-mente.

Anger (gently): Joy, you've made a lot of mistakes and you'll make a whole lot more in the future, but if you let that stop you, we might as well lie down and give up.

lunes, 3 de junio de 2024

3 de junio de 2024

Los resultados de las elecciones en México se ofrecen en números y en puntos porcentuales; estamos ya acostumbrados a que vamos conociendo esas cifras a partir del avance de la información, tal como nos los ofrecen las encuestas de salida, el programa de resultados electorales preliminares y el conteo rápido del INE; sin embargo, el resultado final de las elecciones corresponderá a la suma de todos y de cada uno de los votos que fueron depositados en las urnas. Millones de papeletas físicas, contadas manualmente.

Siempre hay que considerar que esas cifras y esos porcentajes no son abstractos, corresponden a la suma de muchas decisiones individuales, hechas por persona particulares, las cuales, cada una de ellas, llegado el momento y por distintas razones, emiten su voto. Dice la mampara en la que nos aislamos del universo en ese momento crucial: “El voto es libre y secreto”, a estas alturas de la historia, creo que casi todos los mexicanos así lo creemos y así lo vivimos.

A lo largo del proceso electoral fuimos atiborrados por muchas imágenes y palabras: logotipos, posters, colores, espectaculares, pintas de bardas, plásticos, videos, memes; discursos, consignas, debates, canciones, noticias, opiniones, comentarios, pláticas de café, discusiones en grupos de WhatsApp, análisis sesudos, aseveraciones superficiales, dimes y diretes, broncas y acusaciones mutuas interminables; difícilmente podíamos ir asimilando y procesando tanta información; seguramente para muchos no fue fácil emitir una opinión propia que les condujera a una decisión bien discernida.

En estas circunstancias, no he podido dejar de pensar que hubo un fenómeno que denominaría de élite, configurado por pensadores, líderes de opinión (así lo dicen), analistas, académicos, que tienen acceso a medios de comunicación, tradicionales o digitales, periodistas, editorialistas, entrevistadores y entrevistados; a este grupo pueden pertenecer también, maestros, empresarios, comerciantes, profesionistas, líderes religiosos. Personalmente percibía que había entre ellos cierta polarización, que había partidarios de unos y otros actores; pero, la verdad, también notaba una tendencia entre muchos de ellos a expresar con contundencia una y otra vez y en todos los tonos: “que no gane Morena”; esa era la postura oficialmente inteligente, la verdad suprema, lo demás era ignorancia y necedad. Sin embargo, demográficamente, este grupo no es relevante, es un círculo porcentualmente muy pequeño en relación con el universo de la población, su voto contaba igual que el de los otros: uno por persona. En un momento dado pensé que su influjo pudiera afectar de alguna manera el rumbo de las tendencias, pero no fue así.

Como en una especie de corriente paralela a la de la élite, los mexicanos y mexicanas tomaron individualmente decisiones que, sumadas, definieron el resultado final de la elección. Morena triunfó. Los números y porcentajes finales dejaron con la boca abierta a muchos, eran de no creerse, escaparon a todo análisis, previsión y encuesta, incluso para los partidarios elitistas de Morena.

Creo firmemente que los resultados de las elecciones en nuestro país son, ante todo, respetables. Sería poco objetivo pensar que las injerencias del presidente de la república, del aparato del estado o del crimen organizado explican estos resultados, no. Tampoco los programas sociales. Repito, fue la suma de las respetables decisiones individuales de millones de mexicanos y mexicanas que trabajan en las fábricas, en la construcción, que atienden en las tiendas y en los restaurantes, amas de casa, vendedores ambulantes, empleados de oficina, jubilados; fue la decisión de mexicanos y mexicanas que usan transporte público, que compran en los tianguis, que son aficionados a uno u otro equipo de futbol, que se juntan en las tardes para asar pollo, que llevan a sus hijos a la escuela, que el domingo van a Misa o al culto.

Guste a algunos o no, estén otros de acuerdo o no, la decisión que tomaron es respetable y tiene sus razones. Son ellos quienes representan el círculo demográfico que define las elecciones, son ellos quienes han decidido el modo como será conducido nuestro país. Su voz ha sido contundente y se ha dejado oír.

Quienes de alguna manera u otra pertenecemos a las élites de la que he hablado, debemos ponernos a pensar qué tanta sintonía e influencia tenemos con todos aquellos que, a final de cuentas, son los protagonistas de la democracia.