A pocas horas de mi designación como obispo de Nogales tuve mi primer contacto significativo con el Venerable Padre Eusebio Francisco Kino, del que solo había escuchado algunas cosas, las cuales, siendo sincero, no atrajeron especialmente mi atención; sin embargo, una vez iniciado el camino que me conduciría a la Diócesis a la que el Señor me llamaba, su enorme figura me conquistó de forma inmediata; ciertamente, en un principio, el contacto con su persona y con su obra fue confuso e impreciso, pero poco a poco le he ido conociendo con mayor claridad, aunque todavía me considero un aprendiz.
Entendí que su acción misionera
se desarrolló principalmente en la Pimería Alta, la cual coincidía básicamente
con el territorio de Sonora que comprende la Diócesis de Nogales, a la que el
Señor me enviaba como pastor. Antes de mi llegada para ser ordenado obispo me
esforcé en iniciar la lectura de Favores Celestiales; debo confesar que
no lograba entender gran cosa, pero ya el mismo título de la obra, así como el
descubrimiento de la expresión repetida a lo largo del texto, me llevaron a
elegir justamente “FAVORES CELESTIALES” como mi lema episcopal, pues descubría
que los frutos del ímpetu misionero del Venerable Padre Kino siempre los
atribuyó a la providencia divina y no a los esfuerzos humanos; había que
descubrir la mano de Dios incluso en las desventuras y en los fracasos, los
cuales, desde esta perspectiva, nunca lo son.
El capitán Juan Mateo Manje, compañero de viajes del Venerable Padre Kino por ocho años, reconocía que sus virtudes podían expresarse sintéticamente de esta manera: “explorar tierras, convertir almas”.
Presento ahora cinco puntos sobre
los cuales he reflexionado a lo largo de este primer año de mi servicio como
obispo de la Diócesis de Nogales, fruto del paulatino conocimiento de la
persona y obra del Venerable Padre Kino. En ellos no quiero destacar tanto sus
logros, sus descubrimientos o hazañas, siempre dignas de admiración, sino la
base cristiana que estaba detrás, de modo que sea un modelo cristiano y
misionero para estos tiempos y sea también alguien a quien podamos invocar
confiadamente para pedir su intercesión.
1. El Sueño misionero. Desde muy joven, y a raíz de su
enfermedad, el Venerable Padre Kino tuvo como sueño ir a China como misionero.
San Francisco Javier no solo fue el intercesor que le salvó de la muerte, sino
el modelo de su anhelo misionero y de su sueño de ir específicamente a China.
Como se sabe, en ese momento no había disponibilidad de ir a allá por parte de
la Compañía de Jesús, solo a Filipinas y a la Nueva España; el Venerable Padre
Kino pensó que Filipinas estaría bien, que sería más posible ir a China estando
en Asia. La voluntad de Dios se manifestó a través de un juego de suerte: no
iría a China ni a Filipinas, sino a la Nueva España.
La espiritualidad jesuita destaca
la búsqueda de la “gloria de Dios”, a la que debe ser sometida toda decisión;
asimismo, el discernimiento y la santa indiferencia permiten,
según la propuesta de san Ignacio, aceptar aquello que Dios quiera con
libertad, aun cuando el corazón apunte a otra dirección. El Venerable Padre
Kino, con la gracia de Dios, fue capaz de descubrir la voluntad de Dios en ese
papelito elegido a suerte y de hacer del querer de Dios su propio querer, sin
titubeos. El sueño de China, sin embargo, nunca desapareció; hasta su muerte,
siempre soñó con llegar por tierra a China desde Sonora.
2. La renuncia a los privilegios. El Venerable Padre Kino, como
tantos misioneros jesuitas, era una persona educada, que provenía de una
familia bien posicionada en la sociedad tridentina; además, su inteligencia y
otras cualidades eran notables. Se podía esperar un futuro lleno de honores, de
recompensas, de reconocimientos: la academia, el gobierno de la Orden, los
vínculos con la sociedad y cultura europea; sin embargo, el ejemplo de San
Francisco Javier, como expresión de su apasionada fe en Jesucristo, era tan
fascinante y atractivo que estaba convencido de que los honores no estaban en
las cátedras, sino en las misiones; los privilegios no eran los cargos
poderosos, sino justamente las situaciones adversas, las grandes incomodidades
y las desgracias. Como tantos otros jesuitas, el Venerable Padre Kino
vislumbraba como gran distinción no volver nunca más a su casa, con los suyos,
sino morir en las tierras a las que se entregaría sin reserva.
El Venerable Padre Kino nunca
trató de reivindicar privilegios personales, ni siquiera pasaron por su mente
temas como salario, tiempo libre, posesiones personales, privacidad,
vacaciones; las prerrogativas no estaban en el horizonte de su vida; cuando buscó
fondos siempre fue para hacer posibles las misiones. A él solo importaba la
misión, la salvación de las almas, dar a conocer la doctrina cristiana, nada
más. De hecho, así fue su vida en California, en Sonora y Arizona, sometida
siempre a condiciones extremas, no solo por lo que al clima respecta, sino por
las distancias que recorría, por su alimentación, por las incomodidades, por la
enfermedad. Pero, sobre todo, “las contradicciones y oposiciones humanas”, que
siempre estuvieron al acecho, no solo por parte de militares y autoridades,
sino de la misma Compañía de Jesús. Nada pudo detenerlo.
3. El desarrollo de los pueblos. Del Venerable Padre Kino se
reconocen muchas contribuciones al desarrollo de la Pimería Alta, donde
mayormente sirvió. De hecho, además de evangelizador, iba oficialmente como
“cartógrafo real”, es decir, tenía una tarea científica que cumplir por parte de
la autoridad: explorar y hacer mapas para que la corona tomara posesión de las
tierras exploradas y expandir sus dominios. Además de la cruz, el Venerable
Padre Kino llevaba consigo un astrolabio, utensilio utilizado para la ubicación
de las latitudes, un primitivo GPS. Fue importante para él conducir a los
pueblos originarios al conocimiento y dominio de la agricultura y la ganadería,
introducir productos y técnicas que elevaran la calidad de vida de los
habitantes de aquellas tierras y proponer medios de organización social que
permitieran una convivencia más pacífica y ordenada, tanto al interior de las
comunidades como en la relación entre distintos pueblos y naciones.
Al respecto, nunca podemos perder
de vista que todas esas contribuciones, que hasta el día de hoy se valoran, no
eran un fin en sí mismas; aunque en un cierto sentido eso hubiera bastado para
la trascendencia del personaje, la intención del Venerable Padre Kino iba más
allá: la extensión del Reino de Dios, es decir, la aplicación histórica de la
propuesta de Jesús para la humanidad, basada en el amor a Dios y al prójimo.
Cada día que despertaba reiniciaba con la tarea de dar a conocer a Jesús y su
doctrina, yendo a donde tuviera que ir y buscando siempre encontrarse con
nuevos pueblos y personas para dedicarlos a Dios, ofreciéndoles su palabra y la
gracia, siempre respetando su cultura, siempre en su idioma.
4. Misioneros y conquistadores. Por las condiciones históricas
de la época, los misioneros y los conquistadores algunas veces iban juntos. En
algunas construcciones militares, incluso, estaban la capilla y la casa de los
misioneros. Sin embargo, las visiones eran muy distintas, pues mientras que los
conquistadores buscaban riquezas materiales para el empoderamiento de la
corona, especialmente metales preciosos, especias y nuevos productos agrícolas,
los misioneros buscaban almas que salvar. Mientras que para los conquistadores
los pueblos originarios eran en todo caso mano de obra barata para la
explotación de los recursos, es decir, instrumentos prácticamente esclavizados,
para los misioneros eran fines en sí mismos, personas concretas, dignas,
imágenes de Dios, respetables, a quienes había no solo que salvar, muchas veces
defender, pero sobre todo amar.
Para el Venerable Padre Kino era
importante California, porque ahí había pueblos a quienes dar a conocer la
salvación, mientras que para los conquistadores ese territorio, al no ser
fuente de riqueza para la corona y al no ser sustentable siquiera para sí
mismo, no era atractivo para el desarrollo de ciudades y pueblos, no valía la
pena. La postura del Venerable Padre Kino nunca cambió; hasta el final de su
vida buscó la total independencia de la evangelización respecto al poder
político; buscó incluso proveer los medios para abastecer desde Sonora los
bastimentos necesarios para la misión, primero por mar y luego por tierra. El
desarrollo de la Pimería Alta y la exploración de la américa septentrional
incógnita tenían objetivos evangelizadores; todo lo demás era
instrumento, medio, camino.
5. La pedagogía del encuentro. Obviamente había contenidos
doctrinales que compartir a las comunidades con quienes los misioneros se
encontraban; enseñaban las verdades de la fe, oraciones católicas, tanto en
castellano como en las lenguas nativas; les hacían aprender a cantar, a
persignarse, a arrodillarse y ponerse de pie, a responder la misa; les
mostraban las imágenes de Cristo y de la Virgen para que les tuvieran devoción.
La evangelización tenía temáticas y técnicas muy precisas. ¿Qué método
utilizaba el Venerable Padre Kino para compartir la Palabra de Dios? ¿En qué
consistía su pedagogía? Descubro que básicamente en dos cosas: primero, en la
escucha, en el conocimiento de las personas, en la observación de sus
costumbres y paisajes, del modo como se relacionaban entre ellos y con los
españoles, en encontrarse y convivir mucho con los niños; siempre aprendió las
lenguas de quienes eran evangelizados; antes de hablar, el Venerable Padre Kino
veía y escuchaba. Segundo, en el buen trato; el Venerable Padre Kino se
vinculaba con cada persona de manera cariñosa y respetuosa; mientras que los
españoles muchas veces eran déspotas y maltrataban a los indígenas, incluso los
exterminaban; los misioneros, en cambio, los defendían; ellos sabían que el
Padre Kino estaba de su parte, que podían confiar en él.
Todo esto, sin embargo, llegó a
desconcertar a los habitantes americanos, incluso a rechazar la fe católica, ya
que ambos, misioneros y conquistadores, se ponían de rodillas ante el mismo
Crucifijo y ante la misma imagen de la Virgen. En todo momento, el Venerable
Padre Kino estuvo con ellos y evangelizó desde el amor, más que desde proyectos
de expansión proselitista o de técnicas constrictoras. Por ello, el Venerable
Padre Kino se quiso mantener alejado de los militares, hacendados y mineros.
Siglos después, podemos entender que la evangelización tiene que seguir los mismos caminos que siguió el Venerable Padre Kino: la libre opción por la magnífica humanidad ha de estar en el centro de la vida y misión de la Iglesia.
Eusebio Francisco Kino es un
hombre santo, todavía no canonizado, pero en proceso avanzado de serlo. El 10
de julio de 2020, después de ser estudiada detalladamente su vida y analizados
sus escritos, el Papa Francisco firmó el decreto en el que se declara que vivió
de modo heroico las virtudes cristianas. Por ello, ya reconocido como
Venerable, el Padre Kino es alguien a quien podemos invocar confiadamente para
pedir favores celestiales por su intercesión, pero también para suplicar
milagros. De hecho, la comprobación de un milagro es condición esencial para su
beatificación. Oremos para que así sea.
Oh Dios, que en el Venerable
Padre Eusebio Francisco Kino nos manifestaste tu amor a través de su radical
seguimiento de tu Hijo, de su incansable celo misionero, así como de su
preocupación por el verdadero progreso y la paz de los pueblos, te pedimos que
continúes concediéndonos los favores celestiales necesarios para su pronta
beatificación. Te lo pedimos a ti, que vives y reinas por los siglos de los
siglos. Amén.

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