miércoles, 23 de septiembre de 2026

ITALIA 2026


La experiencia de Italia 2026 ha sido extraordinaria; ha superado cualquier expectativa.

Primero, por el curso para nuevos obispos ofrecido por el Dicasterio para los Obispos de la Santa Sede. Fuimos 147 obispos de todo el mundo congregados para reflexionar, discernir y aprender, pero también para orar juntos y compartir la vida. Los cardenales y altos funcionarios que encabezan los distintos dicasterios de la Santa Sede, instituciones que ayudan al Papa en la conducción de la Iglesia, nos acompañaron en la reflexión y compartieron con nosotros aspectos esenciales que debemos incluir en nuestro ministerio apostólico. Los expositores, además, nos dejaron claro que sus dicasterios están al servicio de todas las diócesis y que podemos acudir a ellos con confianza para cualquier asunto de su competencia.

En resumen, el curso fue una experiencia integral que sienta las bases del ministerio apostólico al que el Señor ha llamado a este grupo de hombres, ordenados obispos en el último año. Valoro, sobre todo, la convivencia y el compartir fraterno.

En el contexto del curso, los encuentros con el Santo Padre ocupan sin duda un lugar eminente. Ya en junio de 2025, recién nombrado obispo y meses antes de mi ordenación episcopal, tuve la gracia de participar en los jubileos de los obispos y de los sacerdotes con ocasión del Año Santo. En aquel momento, aunque no tuve la oportunidad de saludar al Papa personalmente, en el inicio de mi nueva vocación reiteré mi fidelidad a su ministerio pastoral y refrendé mi adhesión a la fe de la Iglesia.

Estos días, poco más de un año después, tuve la bendición de saludarlo en dos ocasiones. La primera fue el miércoles inmediato a mi llegada a Roma, unas horas antes de que iniciara el curso; acudí a la Audiencia General junto con miles de fieles, pero esta vez ocupando un lugar entre los obispos presentes y con la oportunidad de acercarme a saludarlo. Posteriormente, al finalizar el curso, la totalidad de los obispos fuimos recibidos por el Santo Padre en el Vaticano. Verlo llegar, dirigirse a nosotros, compartirnos su enseñanza y ofrecernos sus recomendaciones fueron momentos profundamente significativos, no solo para ese instante, sino para toda mi vida. Encuentros breves, pero llenos de emoción, que se unen a los que también tuve con san Juan Pablo II y con el papa Francisco. Entre muchas otras cosas, el Santo Padre nos invitó, sobre todo, a que ninguno de nosotros se sienta solo y a que mostremos en todo momento la cercanía a nuestro Pueblo.

Ese día, antes del encuentro con el Santo Padre, celebramos la Eucaristía todos los nuevos obispos en el Altar de la Cátedra, en la Basílica de San Pedro. Celebramos la Misa pidiendo por el Papa. En esa Eucaristía concelebraron el P. Claudio Murrieta y el P. Víctor de la Cruz, junto con el P. Vicente López, de Tucson. Con ellos se encontraba un grupo de hermanos y hermanas de nuestra región que iniciaba una peregrinación a Segno, la tierra natal del Venerable Padre Kino, a la que yo mismo me uní; fue un gran gusto encontrarme con ellos ese día y en ese lugar.

Por otro lado, justamente en esa jornada, celebraba el primer aniversario de mi ordenación episcopal. La verdad, no pudo haber sido mejor: fue un gran regalo del Señor que no acabaré de agradecer y que me compromete aún más para vivir mi vocación con alegría. Culminamos con una cena italiana y el inevitable pastel. Sabía que la Diócesis, y muchísimos amigos, me acompañaban en la distancia. Agradezco a todos su cercanía y su oración.

Muy importantes fueron también las visitas a la Embajada de México ante la Santa Sede y a la Curia General de los Jesuitas, una vez acabado el curso. Nos encontramos con el embajador y con el postulador general de la causa de beatificación del Venerable Padre Kino. Acudimos todo el grupo, fieles y sacerdotes, junto con Mons. Misko, obispo de Tucson; su presencia en ambos encuentros ha sido muy significativa, pues unimos a nuestras Iglesias en un mismo objetivo.

Me han quedado claras varias cosas. La causa de beatificación del Venerable Padre Kino está muy avanzada, pues ya fue declarado «Venerable» en 2020 por el papa Francisco. Con este paso, la Iglesia reconoce oficialmente que vivió las virtudes en grado heroico, lo cual nos permite admirarlo, conocerlo y amarlo, pero también dirigirle nuestra oración para pedir su intercesión. El milagro es ahora el requisito indispensable para su beatificación. Gracias a Dios, el Venerable Padre Kino es reconocido públicamente por sus grandes proezas, las cuales son fundamentales en la configuración de la identidad del norte de Sonora, del sur de Arizona y de las Californias. Nos corresponde ahora a nosotros fomentar la devoción a este hombre santo a quien la Iglesia, aun cuando no esté aún en los altares, reconoce como alguien no solo admirable, sino como un poderoso intercesor. Tendremos que impulsar iniciativas pastorales que promuevan esa devoción.

De camino a Segno visitamos Asís y Florencia: una experiencia profundamente religiosa y cultural. Visitar las cunas de san Francisco de Asís y del Renacimiento fue algo enriquecedor y complementario, pues la espiritualidad y la cultura de ninguna manera deben entrar en conflicto. Asís fue parte de nuestra peregrinación; tuvimos la oportunidad no solo de visitar la tumba de san Francisco en este Año Santo por la celebración de los 800 años de su fallecimiento, sino además de venerar los restos y la basílica de santa Clara, su compañera, y de Carlo Acutis, santo adolescente contemporáneo nuestro. Fuimos también a San Damián, donde Cristo crucificado se le manifestó a Francisco al inicio de su camino espiritual, y a la Porciúncula, lugar de su tránsito al Padre.

Segno es la tierra natal del Venerable Padre Kino, un pequeño pueblo situado en el Val di Non, en la provincia de Trento, al norte de Italia. Me impactó desde el primer momento la presencia del Venerable Padre Kino en todas partes, no solo por las estatuas monumentales que dan carácter al pueblo, sino por el profundo arraigo que tiene en su identidad. En italiano, el apellido Kino se escribe «Chini» (se pronuncia Quini); hay muchos miembros de su familia que se reconocen parte del mismo árbol genealógico y que mantienen viva su memoria a través de importantes iniciativas.

También muy importante fue el encuentro que tuvimos con el arzobispo de Trento, Mons. Lauro Tisi, con el arzobispo emérito Luigi Bressan y con los encargados de la Dirección de Testimonio y Compromiso Social de la Arquidiócesis; asimismo, visitamos la Villa San Ignacio, ahí mismo en Trento, en donde se encuentra el Centro Astalli, que presta servicio a los refugiados que acuden a Italia, como hacen nuestros migrantes que buscan llegar a Estados Unidos.

La Asociación Cultural Padre Kino, en Segno, encabezada por el señor Alberto Chini, nos recibió de manera extraordinaria y organizó eventos, visitas y actividades que permitieron al pueblo encontrarse con nosotros y a nosotros conocer distintos aspectos de la vida de esa región, de una belleza impactante y caracterizada por un próspero trabajo organizado y solidario. 

Fue profunda y bella la visita a la iglesia de San Eusebio, en Torra, muy cerca de Segno, en donde fue bautizado el Venerable Padre Kino; ahí nació su vocación cristiana y misionera; la Asociación Padre Kino organizó un momento de oración extraordinario, incluyendo la participación de un coro, formado por un grupo de amigos, que interpretaron música religiosa y tradicional de la región. Visitamos también una bella exposición pictórica sobre el Padre Kino en Sanzeno, cerca de Segno, en la que se incluyen pinturas de la artista caborquense Margarita Ramírez Celaya, que era parte del grupo.

En todo momento pensé en el ánimo y la fe del Venerable Padre Kino, quien no dudó en dejar su tierra y su familia para hacer una opción espiritual y misionera por México y, sobre todo, por la Pimería Alta, en la que imprimió su carácter apostólico y científico. Nuestra región es bella; el desierto tiene un encanto fascinante que no me canso de admirar. Sin embargo, representa también grandes retos que el Padre Kino asumió sin quejas y con pasión. Los Alpes italianos y el desierto de Sonora son los escenarios en los que Eusebio Francisco Kino dio testimonio de entrega por amor a Dios.

Insisto, el viaje a Italia superó todas mis expectativas y me deja la tarea de asimilar paulatinamente sus frutos, tanto en la configuración de mi propia vocación como obispo y servidor de la Diócesis de Nogales, como en la vida que debe consolidarse en esta Iglesia particular. Una Iglesia de la que soy miembro, junto con su presbiterio, parroquias, comunidades, consagrados, seminaristas, instituciones, pastorales; en fin, de este hermoso Pueblo de Dios que peregrina, de la mano del Venerable Padre Kino, hacia la patria definitiva.

Favores celestiales. Sonora, a 23 de septiembre de 2026.

1 comentario:

  1. Gracias por compartir. Se siente su alegría y ánimo de lo que vivió...

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