martes, 22 de marzo de 2016

PALABRAS DE AGRADECIMIENTO EN EL FUNERAL DE MI MADRE

23 de marzo de 2013

Creo en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro.

A nombre de mis hermanos Jesús Fernando y Gabriela Cristina, Tomy y Carlos, de mis sobrinos Erick, Fernanda, José Luis, Emmanuel y Carlos, quiero agradecer a cada uno de ustedes las innumerables manifestaciones del gran amor que han profesado a nuestra madre y que se manifestó en oraciones, gestos, palabras y acciones que valoramos y nos llenan de consuelo. Así se lo hicieron sentir a lo largo de la vida de nuestra madre y de modo especial en estos días difíciles de su enfermedad, así como el día de ayer en la vigilia y hoy en esta hermosísima Eucaristía.

Hemos experimentado vivamente la bendición invaluable de pertenecer a una familia extendida, compuesta por todos ustedes, nuestros amigos y por los hermanos y hermanas de las comunidades eclesiales a las que nuestra madre se sintió vivamente pertenecida.

Hace 38 años nuestra familia pisó por primera vez esta parroquia y desde entonces ésta ha sido la parroquia de nuestra familia, la parroquia de nuestra madre, en la que no faltó nunca a la Eucaristía dominical, en la que se evangelizó y en la que encontró a verdaderas hermanas de una comunidad que tiene más de treinta años caminando; en esta parroquia sirvió en Pastoral de la Salud y fue fidelísimo miembro de la cofradía del Santísimo Sacramento; la víspera de cada 4 de octubre preparaba los frijoles molidos que serían parte de las tostadas de pollo que tradicionalmente su comunidad ofrecía en la kermés de las fiestas patronales. En esta Parroquia las cenizas de mi madre esperarán la resurrección de los muertos.

Es los últimos años perteneció y firmó Alianza en el Sector de las Mujeres de la Nueva Cultura de Comunidad AMA. No podemos dejar de reconocer el lugar de privilegio que las hermanas ofrecieron a nuestra madre, junto con otras hermanas mayores de la comunidad. Muchas veces me dijeron que son las consentidas. En Comunidad AMA tuvo ciertamente la experiencia de la oración, de la vida comunitaria, del crecimiento en la fe, pero también se preocupó de ejercer pequeños servicios, en reiteradas ocasiones me comentó que se sentía incómoda si no servía. Nuestra madre ha sido intensamente amada por cada uno de los miembros de comunidad AMA y eso es algo que nosotros como familia valoramos y agradecemos infinitamente.

Nuestra madre también se sintió ligada de modo muy estrecho a la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, de la que fue madre del Párroco. La primera vez que fue a la Parroquia, una vez llegado y antes de tomar posesión, lo primero que hizo fue ir directamente a la Capilla del Santísimo Sacramento para encargarme con Jesús Eucaristía, entonces sus preocupaciones se convirtieron en confianza. Los feligreses de la parroquia siempre tributaron a mi madre un cariño que puedo comparar al que se le tiene a una madre, o mejor dicho, a una abuela. En su enfermedad y en su muerte los hermanos y hermanas de la parroquia se volcaron en oración y en atenciones. Gracias, que Dios se lo pague.

Otra verdadera comunidad en la que se sintió pertenecida fue la de sus amigas: tanto las de la cuadra en la Laguna Madre, como las que en algún tiempo se reunió a jugar continental o canasta; con ellas también fue fiel, preocupada, atenta, cumplida, evangelizadora, simpática, paño de lágrimas y confidente, verdadera hermana de unas y madre de otras. Todas ellas me han dicho cuánto la van a extrañar.

Como mujer de Iglesia amó y respetó a sus pastores, obispos y sacerdotes, especialmente a sus párrocos y a mis amigos, también a los seminaristas; nuestra familia se siente grandemente agradecida a Dios por la presencia de todos ustedes, Sr. Obispo y hermanos, miembros de mi presbiterio. Los abrazamos con mucho amor.

María de Jesús, hermosísimo nombre, de hermosísimos ojos, hija de Jesús y Herlinda, tuvo tres hermanos, su hermano mayor vive todavía, tía de veintiséis sobrinos, compartió el sacramento del matrimonio con mi padre diecinueve años y fue viuda treinta y dos. Crió y sacó adelante a sus tres hijos, fue abuela de cinco nietos. Nosotros, su familia, al igual que todos los que la rodearon, hemos recibido de ella una gran herencia, que quiera Dios sepamos aprovechar; mujer ante todo de fe, fe que se expresó en confianza inconmovible; muchas veces la oí decir: “Dios siempre nos ha sacado adelante”; mujer de oración, de austeridad, de trabajo, de principios y valores arraigados, de abnegación, de entrega incondicional y de servicio, extraordinaria repostera, quién no recuerda los famosos pasteles de la Señora Cerra; nuestra madre tuvo siempre clara su misión y la cumplió cabalmente, hasta el final; supo llevar con paciencia y amor la cruz de sus eternos padecimientos físicos de insomnio y ansiedad, así como su soledad y sus preocupaciones por nosotros. Nunca se cansó de aconsejarnos, corregirnos y exhortarnos; en muchas ocasiones fuimos malos hijos, ella siempre fue una buena madre y  buena abuela.


Madre mía, te amamos y te agradecemos, te extrañamos muchísimo, pero sabemos que has llegado a la culminación de tu existencia, contemplas ahora a Jesús cara a cara, en compañía de la Santísima Virgen María, del Señor San José, y de todos los santos y ángeles del cielo; Jesucristo, cuya sangre te bañó en tu bautismo, te hizo Hija de Dios y de cuyo Cuerpo de alimentaste, te ha conducido a la Casa a la que siempre anhelaste llegar, gozas de la eterna alegría de la gloria que te mereció la Redención de Cristo y tu respuesta de fe. La Pascua de Cristo que celebramos ahora en esta Semana Santa es tu Pascua. Su juicio ha sido benevolente y a tu favor. Bendícenos y pide a Jesús por nosotros.

martes, 16 de febrero de 2016

AÑO DE LA MISERICORDIA EN NUESTRA PARROQUIA

Hermanos y hermanas:

En comunión con el Santo Padre, cuya visita tanto bien ha traído a nuestra querida Nación, queremos vivir comunitariamente la experiencia del Año Santo de la Misericordia que él ha convocado.

Los padres del decanato de Río Bravo nos hemos puesto de acuerdo y nos uniremos como hermanos para ofrecer el Sacramento de la Penitencia todos juntos en cada una de las Parroquias de nuestra ciudad.

El jueves 25 de febrero toca el turno a nuestra Parroquia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos; ya durante la Misa a las 6:00 pm, pero sobre todo a partir de las 6:45 pm los sacerdotes estaremos disponibles para la Reconciliación. Estoy convocando a todos los grupos, asociaciones, movimientos y pastorales, así como a la feligresía en general, a que aprovechemos esta gracia especial en el contexto del Jubileo. Les invito a que corran la voz a través de todos los medios posibles.

El viernes 26 los sacerdotes tendremos nuestro retiro cuaresmal durante la mañana y a las 4:00 pm, quienes gusten, nos reuniremos en la Parroquia de San Juan para salir rumbo a Reynosa. El Señor Obispo ha designado a la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de esa ciudad como una de las Iglesias en las que es posible ganar la indulgencia. Habiéndonos confesado será posible ganar la indulgencia. La Misa allá será a las 5:00 pm y se podrá llegar directamente por cuenta propia. Ese dia se suspenderán las actividades pastorales, incluyendo la Escuela de la Fe y el Catecumenado, para que todos podamos asisitir.

En el documento de convocatoria al Jubileo, el Santo Padre ha invitado a que se realice una bella iniciativa: “24 horas para el Señor”; El Santísimo Sacramento será expuesto por 24 horas en nuestra Parroquia con la asistencia de los fieles, del viernes al sábado previos al III Domingo de Cuaresma, es decir, del viernes 26 al sábado 27, justo el día que regresemos de Reynosa. Invito también a grupos, movimientos, asociaciones y pastorales, y a todos quienes deseen, a que se comprometan a velar una hora ante el Santísimo en oración. Habrá hojas de inscripción para que cada quien pueda anotarse en el horario que desee o pueda; es importante que quien tenga la posibilidad, ocupe las horas de la madrugada y las de medio día, que son siempre las más difíciles. Los turnos iniciarán con una Hora Santa a las 9:00 pm para concluir 24 horas después con la bendición. Habrá oportunidad de inscribirse con los coordinadores de los grupos, en la oficina parroquial y después de las Misas del domingo 21.

Les doy mi bendición.

P. José Luis Cerra Luna, párroco

¿Qué es la indulgencia?

“La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos” (Catecismo, 1471)

Condiciones para la Indulgencia:
  1. Peregrinación hacia alguna Iglesia designada para ganar la indulgencia y pasar por la Puerta Santa de la Misericordia
  2. Confesarse y participar de la Eucaristía
  3. Reflexionar sobre la Misericordia
  4. Profesar la fe y orar por las intenciones del Papa

sábado, 26 de diciembre de 2015

LA COMIDA CON MI CAPITÁN

Cuando transcurre el tiempo, y va pasando la juventud, se desarrolla la idea de que ya se ha vivido de todo. Sin embargo, de vez en cuando la Providencia nos ofrece nuevas experiencias.

Ayer comí con el Capitán encargado de la seguridad en la ciudad donde vivo. Un hombre disciplinado, consciente de su misión y de las dificultades que ésta conlleva; aparentemente duro, pero en el fondo humano y sensible; persona de certezas y claridad de mente, pero también con temores y con una visión peculiar de vida, pues la suya y la de sus subalternos pende siempre de un hilo. Me dijo: “En la mañana saludo a un compañero y no sé si le daré las buenas noches”. Detrás del uniforme es seguro que haya una lista de logros heroicos, los cuales probablemente convivan con conflictos de conciencia, después de todo no son ellos las Hijas de la Caridad de la Madre Teresa.

La ocasión fue un momento de convivencia navideña de la comunidad parroquial con el destacamento en la improvisada base donde viven. Perfecto anfitrión. Con orgullo y reciedumbre me mostró las instalaciones, las cuales, aunque llenas de carencias, reflejan el espíritu de la disciplina militar y sus jerarquías; de manera habilidosa ellos mismos han ido tratando de adecuar su hogar a su estilo de vida y a la función que desarrollan en nuestra comunidad. El cuarto de tácticas dista mucho de la idea que pueda presentarnos nuestra imaginación. Hay mucha austeridad, pero me dicen que en otros lados es todavía mayor.

No sabía yo los alcances a los que podíamos llegar en cuanto al tipo de expresión específicamente religiosa, de manera respetuosa le propuse a mi Capitán una pequeña lectura de la Palabra de Dios, un momento de oración y la petición de posadas. “Claro que sí, Padre”. Juntó a todos y así se hizo, con mucho respeto, advirtiendo a los muchachos que lo hacíamos considerando las convicciones religiosas de cada quien, pero también como una expresión de nuestra gratitud por lo que hacen por nosotros: “Ustedes nos cuidan, nos defienden, ponen en riesgo su vida por nosotros. Permítanos orar por ustedes y sus familias”. Noté un ambiente de fervor y de piedad en casi todos. Para mí fue conmovedor y una experiencia espiritual y pastoral fuerte.

Luego recibí una lección de vida, que me movió a dedicar un tiempo a poner por escrito todo esto.

Cuando los miembros de la comunidad parroquial empezaron a servir la comida, el rancho, como ellos dicen, mi Capitán me dijo: “La mística militar dicta que el oficial de más alto rango y que está a cargo de todo el destacamento debe comer al último; debe cerciorarse primero que toda la base haya tenido suficiente, sólo entonces se sienta”. Le dije yo: “Pues también yo soy el oficial de más alto rango en la Parroquia y estoy a cargo de todo, de modo que igual espero a que todos hayan comido y sólo entonces nos sentamos usted y yo para comer juntos”.

Ese diálogo me ha hecho pensar mucho en el modo como he de ser líder, pastor. Sí, por un lado las jerarquías deben estar claras, los rangos definidos, cada quién debe tener conocimiento preciso de su misión. Hemos de pensar hacia arriba, en nuestros superiores, a los cuales debemos obediencia y con los que hemos de colaborar activamente y con iniciativas responsables; pensar también hacia los lados, en los compañeros, con los que hay que planear, ejecutar, evaluar, codo con codo, solidariamente; pero pensar también en aquellos sobre los que se ejerce nuestro cuidado pastoral, los hermanos y hermanas que están bajo nuestra responsabilidad, de los que con Cristo somos cabezas y pastores.

No puedo desdeñar mi identidad y vocación de pastor; siempre debo actuar así, con reciedumbre y buen ánimo, igual que mi Capitán; sin embargo, ese rango, esa jerarquía, que tampoco debo desdeñar, porque viene de Dios, me coloca en una posición de servicio postrero, de padre familia providente que debe asegurarse no sólo de que el conjunto de todas las responsabilidades se ejecuten correctamente, de modo que la misión de la Iglesia se lleve a cabo, sino que ve también que las personas que están a su cargo cumplan su función pero, sobre todo, que satisfagan sus necesidades de modo integral, a lo que tienen derecho. Sólo hasta entonces he de pensar en comer yo.

Me dijo un par de cosas más: “parte de mi función es también asegurar que la tropa se alimente bien y que mantenga la moral en alto”.

No es cuestión meramente pragmática, es parte de una función que nace de una identidad. Ver con consideración y aprecio a colaboradores y a quienes están a nuestro cuidado es irrenunciable a nuestra vocación pastoral y genera como consecuencia atmósferas comunitarias altamente positivas; entonces la caridad pastoral deberá buscar crear ambientes en los que la espiritualidad y la fe, estando a la base, generen una auténtica espiritualidad comunitaria; ambientes de mutua caridad y servicio recíproco; ambientes de trabajo intenso y de solidaridad activa y responsable, en los que cada persona tenga su lugar y servicios definidos; ambientes en los que se asuman metas e ideales comunes, por los que se luche fraternalmente; ambientes en los que reine también la alegría, el sentido del humor, de forma lúdica, festiva… En fin, ambientes en los que todos y cada uno se sienta como en su casa, en el mejor sentido de la expresión.

Al final, en el tiempo de los agradecimientos, mi Capitán me proclamó ante su tropa como su “amigo”, me hizo sentir muy honrado y agradecido, yo también así lo considero. Qué bueno que la Providencia ocasionalmente me regale estas experiencias nuevas.


jueves, 10 de diciembre de 2015

UNA PUERTA ABIERTA

Una puerta abierta es signo de bienvenida, de recepción cariñosa, de acogida. Más aún cuando hay un anfitrión que nos espera dentro para recibirnos y brindarnos un cariñoso abrazo y para ofrecernos su hospitalidad en un hogar acogedor. Es por ello que pasar por la puerta abierta de una casa es una experiencia altamente enriquecedora que nos hace crecer. El Papa Francisco nos dijo en la homilía de la Eucaristía de apertura del Año Jubilar, antes de abrir la Puerta Santa:

“Entrar por la puerta significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno”.

Es Dios Padre quien nos abre la puerta, quien nos invita a entrar, quien nos ofrece abrigo en la calidez de su hogar. Así, la Basílica de San Pedro, las demás basílicas de Roma, pero también todas las catedrales del mundo e innumerables iglesias y santuarios del planeta, se convierten en casas de puertas abiertas, por las que pasamos a recibir con gran júbilo el maravilloso regalo de la misericordia del Padre.

Las iglesias no son fríos museos, sino la casa de un Padre que celebra una fiesta para sus hijos (Lc 15, 23-24) que, arrepentidos, nos encaminamos a recibir su amor con corazón abierto y humilde. La misericordia de Dios es sinónimo de fiesta, de júbilo, de “jubileo”.

En nuestra Diócesis no sólo la Catedral de Matamoros, también las Parroquias de Nuestra Señora de Guadalupe de Reynosa, Sagrado Corazón de Valle Hermoso y San Fernando de San Fernando tienen sus Puertas Santas de Misericordia abiertas a recibir a quien busque las gracias especiales que este Año Jubilar ofrece, cumpliendo con las condiciones que la Iglesia pide.

Hemos de ir como peregrinos, como personas que se desapegan de las ataduras que nos vinculan a nuestros egoísmos, como itinerantes que, puestos de pie, se encaminan a la meta soñada, atravesando en este caso la distancia que nos separa del amor de Dios, con penitencia, pero también con gozo. El Santo Padre nos dice:

“La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación”.

La confesión es también una puerta que nos permite salir de la oscuridad del pecado y entrar a la luz de la gracia; la profesión de fe nos vincula al Credo de la Iglesia peregrina de todos los tiempos y nos une como una sola familia; orar por las necesidades del Santo Padre es un modo concreto de agradecer todo lo que él hace por el Santo Pueblo Fiel de Dios y colaborar al desarrollo feliz de su ministerio.

Salir por la Puerta Santa de la Misericordia tiene también su profundo significado, no puede ser que regresemos al mundo como si nada hubiera pasado; si entramos por la Puerta Santa, salgamos también por ella a practicar la misericordia de la que hemos sido beneficiados. Hay catorce caminos concretos para hacerlo: las obras de misericordia espirituales y materiales. Seamos “misericordiosos como el Padre” (Lc 6,36) y encontrémonos con Jesús que sufre en los más pobres y necesitados. Ellos son también Puertas Santas que nos conducirán a un Reino preparado para nosotros desde la creación del mundo (Cf. Mt 25,32).

¡Buen camino!

miércoles, 25 de noviembre de 2015

PALABRAS DEL PBRO. JOSÉ LUIS CERRA LUNA EN EL ENCUENTRO DEL NUNCIO APOSTÓLICO EN MÉXICO S.E.R. MONS. CRHSITOPHE PIERRE CON EL PRESBITERIO DE MATAMOROS

Buenas Noches, Señor Nuncio Apostólico, Mons. Christophe Pierre, buenas noches Señor Obispo, Mons. Ruy Rendón Leal, buenas noches hermanos sacerdotes.

Soy el padre José Luis Cerra Luna, párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos en Río Bravo, soy además el responsable de la Dimensión Diocesana del Clero.

Señor Nuncio, esta noche me permito ser portavoz de mis hermanos sacerdotes y a nombre de nuestra familia presbiteral ofrecerle un muy cordial saludo de bienvenida, gracias por tomarse este tiempo con nosotros, mis hermanos y yo lo valoramos mucho.

A lo largo de estos 8 años de su presencia en México hemos aprendido a estimarlo con sincero afecto, la profundidad de sus enseñanzas, sus habilidades en el oficio que ejerce y su sencilla cercanía han beneficiado enormemente el caminar de las comunidades eclesiales en México. Es edificante también constatar el modo como ha estado usted haciendo presente en nuestra patria la mentalidad y el querer del Santo Padre Francisco.

Se me ha encomendado la tarea de presentar a usted a nuestro presbiterio, con el cual ha tenido ya oportunidad de convivir en otras ocasiones, ojalá sea esta una oportunidad más para profundizar nuestra relación y conocimiento mutuos.

Personalmente, y sé que lo comparto con muchos otros hermanos, me siento profundamente contento y orgulloso de ser parte de esta familia, no es perfecta; ciertamente nos esforzamos por ejercer lo mejor que podemos nuestro ministerio, pero cometemos los pecados promedio de todo presbiterio, usted los conoce; sin embargo, existe también en nuestra mente y corazón una voluntad muy clara de convivir en un espíritu de auténtica fraternidad, aunque muchas veces no sea fácil, y de estar juntos, codo a codo con nuestro Obispo, entregando la vida a favor del Pueblo Santo Fiel de Dios.

Aunque los números difícilmente expresan la calidez de las realidades humanas, a veces nos pueden acercar a ellas, le presento algunas cifras que pueden ser interesantes.

(Breve presentación Power Point de algunas cifras)

Quisiera ahora pasar a las personas, permítame presentar a usted a Mons. Martín Guerrero Reyna (todos los presentados se van poniendo de pie), el primer sacerdote ordenado en la recién creada Diócesis de Matamoros, hace poco más de 54 años; junto con él le presento a los padres que el aquel tiempo eran seminaristas, algunos de ellos michoacanos, invitados por el primer Obispo, Mons. Estanislao Alcaraz y Figueroa, todos son pilar de nuestra familia; le presento también a los padres Augusto Hernández Ramírez y Alberto del Ángel Vargas, ordenados hace unos meses, quienes, junto con los diáconos transitorios, son nuestra esperanza. En medio estamos todos los demás.

Suplico a todos los párrocos, administradores parroquiales, cuasi párrocos y pastores de rectorías se pongan de pie, Sr. Nuncio, este es el grupo de sacerdotes que con amor llevamos la cura de las almas, somos pastores que ofrecemos a nuestros fieles la Palabra, los Sacramentos y la conducción, en colaboración estrecha con el Obispo y organizados en tres zonas pastorales y doce decanatos. Junto con nosotros, nuestros vicarios parroquiales, amigos, hermanos y compañeros que comparten con nosotros las responsabilidades pastorales en nuestras comunidades y aprenden el arte de la pastoral.

Un servicio indispensable en nuestra Iglesia Local es el que presta la curia administrativa, judicial y pastoral; ellos son los hermanos que colaboran estrechamente con el Obispo en su vocación de conducir en la caridad a la Diócesis, cada uno es brazo derecho del Obispo y sostén firme de la vida diocesana en importantes aspectos. Les estamos muy agradecidos y valoramos su servicio, tantas veces escondido.

El equipo formador del seminario lleva sobre sus hombros la enorme responsabilidad y al mismo tiempo el honor de formar a los futuros pastores, justamente en esta casa; los retos que enfrentan son ciertamente grandes, pero cada uno de los seminaristas es luz que se proyecta hacia el futuro de nuestra Iglesia. Todo el presbiterio y la Diócesis entera oramos y estamos siempre al pendiente de esta valiosísima y amada institución y de los hermanos que la conducen.

De los doce decanatos quisiera presentar a usted de modo especial a los hermanos que integran dos de ellos; estos decanatos se localizan en la periferia geográfica y existencial de nuestra Diócesis: el decanato de San Fernando, de los municipios de San Fernando y Méndez y el decanato de Santa Ana, de los municipios de la Ribereña. Uno y otro han sido escenarios de violencia, así lo ha referido la prensa incluso internacional. Como resulta obvio, el modo de ejercer la pastoral reviste ahí características muy peculiares, pues aunque de modo general muchos de nosotros hemos enfrentado las consecuencias del crimen organizado, los hermanos que han estado en estos decanatos lo han vivido de modo especial y han sido ellos mismos sus víctimas, junto con muchos miembros de sus comunidades. Para todo el presbiterio y para los fieles su testimonio de permanencia, amor al ministerio y valentía representa seguramente uno de los más grandes tesoros de nuestra Diócesis.

Le comento, por último, que gracias a Dios y a la preocupación de nuestros cinco obispos, la Diócesis está organizada, del mismo modo que la Conferencia del Episcopado Mexicano, en Comisiones Dimensiones y Departamentos, lo cual ofrece vitalidad pastoral a todos los aspectos del caminar diocesano y contamos también con todas las instancias de consejo que prevé el Derecho Canónico, lo que permite a nuestro obispo, siempre dispuesto a la escucha, gobernar con acierto y tino.

Muchas gracias por su atención y sepa que en cada una de nuestras parroquias cuenta usted con amigos y con una casa en la que nos sentiríamos privilegiados de recibirlo. Oramos con fervor por su persona y ministerio.

Lo escuchamos ahora con atención.

jueves, 5 de noviembre de 2015

NO TENGO BOLETO

Tengo muchos amigos a los que no les gustan los toros. Es gente buena. No militan en movimientos antitaurinos, ni atacan esgrimiendo argumentos contundentes, no buscan denodadamente cambios de leyes, ni se plantan frente a las plazas con carteles llenos de adjetivos. No les gustan los toros simplemente porque sufren viéndolos morir de esa manera, padecen solidariamente con el dolor del toro. Con los antitaurinos no cuesta trabajo discutir, hay muchos argumentos más contundentes que los suyos; sin embargo, con mis amigos buenos, hasta un poco de pena me da defender la fiesta.

En estos momentos de crisis, todos los que tenemos que ver con la tauromaquia, villamelones, entre los que me cuento, y aficionados verdaderos, matadores y subalternos, personal de plaza y empresarios, también los ganaderos y los comentaristas, todos, tendríamos que hacer un esfuerzo solidario para hacer sobrevivir con dignidad la fiesta a la que amamos, de modo que ante antitaurinos y, con pena y todo, ante nuestros amigos buenos, podamos seguir gozando su estética.

Pero, ¿qué hacer cuando pasan las cosas que hemos sufrido en relación al mano a mano entre José Tomás y Joselito Adame el próximo treinta y uno de enero en la Plaza México? Dijeron que el día dos de noviembre, a las nueve y treinta, estarían disponibles los boletos para la corrida. No fue así. Ni Ticketmaster en Internet ni el teléfono funcionaron nunca. Luego dijeron que los boletos se habían agotado en doce horas. No parece factible. ¿Cómo van a entrar cuarenta mil almas a la Plaza ese día? ¿Quienes poseen derecho de apartado? No parece posible.

Diera la impresión de que alguien venderá a un muy elevado costo entradas los días treinta y treinta y uno y con esto la tauromaquia recibirá una estocada inmerecida y cobarde, contradiciendo el verdadero espíritu que la debe animar. Ojalá José Tomás se dé cuenta de lo que sin querer provoca. Partir plaza una vez al año parecería sólo una actitud enigmática para envolver al matador en una atmósfera de misterio y generar ansiosas expectativas. Sin embargo también desata estas embestidas de ambición y corrupción. Dios no permita que se convierta en divo.

Es lamentable, quien debiera defender la fiesta la está matando, quien tendría que promoverla a final de cuentas limita su difusión y restringe los argumentos para defenderla.

Cuando mis amigos buenos me pregunten con tristeza por qué me gustan los toros, simplemente encogeré los hombros, los antitaurinos tendrán más argumentos.

Yo quería, pero no tengo boleto, y ya no lo quiero.

viernes, 7 de agosto de 2015

PEREGRINACIÓN 2015

Como cada 5 de agosto, desde hace ya muchos años, las Diócesis de Ciudad Victoria, Tampico y Matamoros, acudimos en peregrinación "a postrarnos ante los pies de nuestra Madre Santísima, la Reina de México y la Emperatriz de América"; nos dimos cita fieles laicos, consagrados y consagradas, seminaristas, diáconos, sacerdotes y obispos de las tres Diócesis; juntos formábamos una gran multitud que vivimos una conmovedora experiencia de fe y comunión. Fue emocionante la preparación remota y la espera, así como emprender el camino por esas carreteras de Dios, pero sobre todo, iniciar la peregrinación a pie desde la Glorieta de Peralvillo hacia la casa de la Madre y de todos los mexicanos. Cantos, rezos, danzas y mucha devoción acompañaron nuestro caminar de poco más de tres kilómetros.

Ya sabíamos que la Eucaristía era lo más importante, nos animaba saber que, además, correspondía a nuestro obispo Ruy Rendón Leal presidir y compartir la homilía, lo cual nos hacía sentir mucho más en familia. No sé qué otra cosa se pueda comparar a la belleza de ese Templo, que la Madre del cielo mandó construir, como una casita en la que ella prodiga todo su amor.

Nuestro obispo estructuró su reflexión en cuatro "contemplaciones" del acontecimiento Guadalupano, como lo narra el Nican Mopohua, relacionando cada una de ellas de manera muy armónica con el texto evangélico que se proclamó en la Liturgia de la Palabra (Lc 1,39-45); a cada una de las contemplaciones hizo corresponder otras tantas "enseñanzas" para nuestra vida cristiana, "que instruyen y fortalecen nuestra fe"; al final añadió una quinta contemplación, en la que infundió ánimos y exhortó a la conversión.

1. Contemplamos a María de Guadalupe "que se encamina presurosa a las montañas del Tepeyac para acompañar a un pueblo que se encontraba pasando una grave situación de aflicción". El señor obispo hizo notar que La Santísima Virgen "no se aparece en el centro de la gran ciudad, sino en la periferia, no a una persona de poder y de prestigio, sino a una persona marginada, a San Juan Diego". A esta contemplación hizo corresponder la primera gran enseñanza: "Al igual que María, nosotros también debemos de tener una atención especial por las periferias geográficas y existenciales". Con palabras que nos hicieron recordar al Papa Francisco nuestro obispo nos exhortó a ser una Iglesia en salida, en camino, "acercándonos a los grupos humanos más vulnerables y a los sectores de la población más alejados, más necesitados del Evangelio de la Misericordia"

2. "Contemplamos a María escuchando sus primeras palabras de autopresentación: Yo soy la Siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quién se vive"; El señor obispo hizo referencia en este contexto al Dogma Mariano de la Maternidad Divina. Isabel en el Evangelio así la proclama: Jesucristo es "Dios que ha tomado la naturaleza humana en el seno virginal de María". La enseñanza correspondiente "nos lanza a cada uno de nosotros, miembros de la Iglesia a construir lazos de fraternidad y de comunión a nuestro alrededor". Como mexicanos, en este sentido, estamos llamados, a vivir valores como "la solidaridad, el perdón, la reconciliación, el servicio, la paz, la justicia, la honestidad", señaló el señor obispo.

3. "Contemplamos a María portando el bendito fruto de su vientre, Jesús. En efecto, María de Guadalupe vino a reforzar la tarea evangelizadora de la Iglesia, como hizo María con Isabel", a la cual no sólo ayudó, sino que, sobre todo, le compartió a Jesús. En la Tercera enseñanza el señor obispo nos hizo ver que María también nos da a Jesucristo, y ella nos invita a que lo acojamos en nuestro corazón y expresemos nuestra fe "haciéndole caso, poniendo en práctica su Palabra, cumpliendo sus enseñanzas". También nosotros hemos de evangelizar compartiendo nuestra experiencia de fe y la verdad del Evangelio con alegría.

4. "Contemplamos a María expresando una petición: Deseo vivamente que se me construya un Templo, es decir, una comunidad en torno a Dios, y nosotros hemos construido miles y miles de ermitas, capillas, templos, santuarios y comunidades, así nos hemos desbordado en amor a la Virgen", en los que ella a prodigado su amor y ofrecido innumerables milagros. A esta contemplación corresponde una enseñanza: "Hoy pongamos en las manos de la morenita del Tepeyac nuestras penas, sufrimientos, preocupaciones, todo aquello que nos inquieta y nos hace perder muchas veces la paz". Nuestro obispo invitó a que pusiéramos en las manos de la Virgen nuestra realidad tamaulipeca de inseguridad y violencia, crisis económica y laboral con sus consecuencias. Hemos de orar también por los "ataques ideológicos contra la vida humana, el matrimonio y la familia".

5. La quinta contemplación fue sobre todo exhortativa: hemos "de volver a nuestra casa, a nuestra Diócesis, con un verdadero compromiso de amor y conversión, no es posible, después de haber estado con Santa María de Guadalupe en su Templo, regresar a casa en pecado, distanciados de nuestro prójimo, guardando resentimientos, apáticos por el sufrimiento de tanta gente, indiferentes ante la evangelización, regresemos renovados, transformados, felices, comprometidos en la causa de Dios y de su Reino".

Concluimos recitando todos la oración por la paz, que con tanta devoción hacemos los tamaulipecos.

Los efectos que estas palabras y la experiencia en su conjunto provocó en los presentes y en cada comunidad sólo Dios la conoce, seguramente es rica y cargada de Dios, que es lo que verdaderamente importa a la Virgen de Guadalupe. Regresamos a nuestros hogares y a nuestras parroquias como nuestro Obispo Ruy Rendón Leal señaló: Felices. Queriendo enriquecer la vida familiar, comunitaria y social con la belleza del Evangelio Guadalupano.